Mi ternura te la entrego, entre las inclemencias de los momentos, entre el bautizo de nuestro amor, entre las decisiones del verano y el invierno.
Desatado en ti, fluyo tan natural, espontaneo como un rio o apasionado como el mar, no encuentro motivos, para no mirarte por horas, y te pregunto ¿es a mí a quien añoras? solo te sonríes mi entrañable señora.
Y he de edificarme en el sostén de tus brazos, en el festín de tus besos, en la playa de tus caricias, es que mujer, te quiero con avaricia, sabiendo que me espera el confesionario, pero es así, como te quiero a diario.
Sin arrepentimientos, Dios sabe que no miento y la penitencia será leve, mira paseemos que afuera está que llueve, y nos gusta mojarnos, enseguida cenamos, enseguida nos amamos.
Tu cabello me enternece, tu mirada me diluye, tus manos me construyen, sentiré alguna vez tal emoción, bésame bésame mucho, como dice la canción.
Y te entregas, resucitas por largos campos de poesías en tu corazón escritas, ven es hora de descansar, tendí ya mi alma, dame otro beso que mañana te amaré con más calma.