Publicado en Español, Inglés y Portugués.
Fuente
de la imagen utilizada
Buenas, una noche feliz para todos y dulces sueños.
Aquí estamos, siguiendo el camino de la vida siendo nosotros mismos. Llevo días con la mente ocupada y de vez en cuando un flash me hace recuperar el pensamiento propio.
Amigos, yo no se ustedes pero yo lo veo así. Hay una mentira, que no es benévola, la cual nos venden desde pequeños. Nos dicen que para lograr algo grande tienes que sacrificar algo importante, que el éxito duele y que las relaciones se pagan con distancia. Además que tus metas requieren que dejes de ser quien eres.
Y yo siempre me pregunté y te pregunto a ti, ¿y si no fuera así?
Llevo años viendo a la gente romperse en el intento para lograr su propósito, y en este empeño perdió a su pareja por el camino, logró su sueño profesional, pero desarrolló ansiedad. Y así otros que llegaron a la cima, y cuando miraron atrás, no reconocian al que empezó el viaje.
Eso no es triunfo, mis carísimos, eso es supervivencia con premio de consolación.
Tus propósitos no son enemigos de tus relaciones, para nada. El problema no es querer más, es cómo lo quieres. Cuando tu meta se convierte en un dios que exige todo tu tiempo, tu energía y tu presencia, las personas a tu alrededor dejan de ser compañeros de viaje y pasan a ser obstáculos o espectadores y eso es lúgubre, triste y te aísla.
La clave está en la transparencia pues no se trata de pedir permiso para perseguir lo que quieres. Se trata de invitar a los tuyos a ser parte de ese proceso. Intercambiar con ellos, exponer tus planes y deseos como por ejemplo, "Esto es importante para mí, y quiero que estés conmigo, aunque a veces no pueda estar tan presente como quisiera". Hacerlos partícipes de tus proyectos.
La gente no se va por tus metas, lo hace porque dejas de mirarlos a los ojos y de preguntar cómo están. Porque tu propósito se vuelve más real que ellos.
Inclúyelos, como te digo, cuéntales tus miedos, pídeles ayuda. Hazlos parte de tu victoria, no solo testigos de tu ausencia que muchas veces es necesaria.
Tienes que tener en cuenta que tus propósitos no son enemigos de ti mismo.
Y es aquí donde está lo más crudo, lo que nadie quiere escuchar, muchas veces no son tus metas las que te rompen, es la forma en que las persigues.
Te levantas a las 5 de la mañana, entrenas, trabajas, estudias, meditas, lees, emprendes, creas contenido, y al final del día te acuestas sintiendo que no hiciste suficiente.
Eso no es disciplina, es una modalidad de autocastigo con disfraz de productividad.
Y ojo, no te estoy diciendo que no te esfuerces, te estoy diciendo que el esfuerzo sin pausa no es valentía, es negligencia contigo mismo. Un propósito que te destruye es una herida disfrazada de ambición.
Pregúntate: "Si logro esto, pero llego vacío, sin salud, sin paz, sin ganas de celebrarlo... ¿valió la pena?" Si la respuesta es no, algo estás haciendo mal.
El equilibrio no es un lujo, es una estrategia. Pues ser más sin dejar de ser significa crecer sin mutilarte. Puedes querer más dinero, más impacto, más libertad, pero lo que no puedes hacer es dejar de quererte a ti mismo y eso lo tienes que hacer sin dejar de querer a los que te sostienen.
Significa que algunos días avanzarás lento, que otros días descansarás. Quizá otros fallarás y todo eso está bien. Porque al final, cuando llegues a donde quieres llegar, lo que realmente importará no será solo lo que lograste, sino con quién lo compartiste y cómo te sentiste al hacerlo.
Puedes empezar hoy, y puedes hacerlo
definiendo tu propósito en voz alta con alguien que quieras. No lo guardes. Que deje de ser tuyo y pase a ser de ambos.
Puedes por ejemplo, poner límites a tu propia ambición así como una hora al día sin pantallas, un día a la semana sin trabajar, una noche para ti, sin culpa.
Debes revisar tu motivación y preguntarte sin remilgos ¿Persigues esto porque lo deseas de verdad o porque necesitas demostrar algo? Si es lo segundo, para y respira, lo más probable es que sea innecesario.
Crecer duele, sí, pero no tiene por qué destrozar. Puedes ser más y puedes seguir siendo tú.
De hecho, esa es la única forma de que valga la pena.
Good evening, a happy night to everyone and sweet dreams.
Here we are, following the path of life while being ourselves. I've had a busy mind these past few days, and every now and then a flash brings me back to my own thoughts.
Friends, I don't know about you, but this is how I see it. There's a lie—and not a kind one—that we're sold from childhood. We're told that to achieve something great, you have to sacrifice something important; that success hurts, and that relationships are paid for with distance. Also, that your goals require you to stop being who you are.
And I always wondered, and I ask you now: what if it didn't have to be that way?
For years I've watched people break themselves trying. They achieved their goal, but lost their partner along the way. They reached their professional dream, but developed anxiety. And others who made it to the top, and when they looked back, they didn't recognize the person who started the journey.
That's not triumph, my dearest ones—that's survival with a consolation prize.
Your goals are not enemies of your relationships—not at all. The problem isn't wanting more; it's how you want it. When your goal becomes a god that demands all your time, energy, and presence, the people around you stop being travel companions and become obstacles or spectators—and that's gloomy, sad, and isolating.
The key lies in transparency. It's not about asking for permission to pursue what you want. It's about inviting your loved ones to be part of that process. Exchange with them, share your plans and desires—for example, "This is important to me, and I want you to be with me, even if sometimes I can't be as present as I'd like." Make them participants in your projects.
People don't leave because of your goals—they leave because you stop looking them in the eyes and asking how they're doing. Because your purpose becomes more real than they are.
Include them, as I say. Tell them your fears, ask for their help. Make them part of your victory, not just witnesses to your absence—which is often necessary.
You have to keep in mind that your goals are not enemies of yourself.
And here's where it gets raw—what no one wants to hear: many times it's not your goals that break you, but the way you pursue them.
You wake up at 5 a.m., train, work, study, meditate, read, start a business, create content, and at the end of the day you go to bed feeling like you didn't do enough.
That's not discipline—it's a form of self-punishment disguised as productivity.
And don't get me wrong—I'm not telling you not to push yourself. I'm telling you that effort without rest is not courage; it's negligence toward yourself. A purpose that destroys you is a wound disguised as ambition.
Ask yourself: "If I achieve this, but I arrive empty, without health, without peace, without the desire to celebrate it... was it worth it?" If the answer is no, you're doing something wrong.
Balance is not a luxury. It's a strategy. Because becoming more without ceasing to be yourself means growing without mutilating yourself. You can want more money, more impact, more freedom, but what you cannot do is stop loving yourself—and you must do that without stopping loving those who hold you up.
It means that some days you'll move slowly; other days you'll rest. Maybe other days you'll fail—and all of that is okay. Because in the end, when you get where you want to go, what will truly matter won't just be what you achieved, but who you shared it with and how you felt doing it.
You can start today, and you can do it by
stating your purpose out loud with someone you care about. Don't keep it to yourself. Let it stop being yours and become both of yours.
You can, for example, set limits on your own ambition—like an hour a day without screens, a day a week without work, a night for yourself, without guilt.
You should examine your motivation and ask yourself without hesitation: Are you pursuing this because you truly desire it, or because you need to prove something? If it's the latter, stop and breathe—it's most likely unnecessary.
Growing hurts, yes, but it doesn't have to destroy you. You can become more, and you can still be you.
In fact, that's the only way it can truly be worth it.
Boa noite, uma noite feliz para todos e bons sonhos.
Aqui estamos, seguindo o caminho da vida sendo nós mesmos. Faz dias que estou com a mente ocupada e de vez em quando um flash me faz recuperar o pensamento próprio.
Amigos, eu não sei vocês, mas eu vejo assim. Há uma mentira, que não é benevolente, que nos vendem desde pequenos. Dizem que para conseguir algo grande você tem que sacrificar algo importante, que o sucesso dói e que as relações se pagam com distância. Além disso, que seus objetivos exigem que você deixe de ser quem é.
E eu sempre me perguntei e pergunto a você: e se não fosse assim?
Há anos vejo as pessoas se quebrarem na tentativa, que conseguiram seu propósito, mas perderam o parceiro pelo caminho, alcançaram seu sonho profissional, mas desenvolveram ansiedade. E assim outros que chegaram ao topo e, quando olharam para trás, não reconheciam aquele que começou a jornada.
Isso não é triunfo, meus caríssimos, isso é sobrevivência com prêmio de consolação.
Seus propósitos não são inimigos de seus relacionamentos, de forma alguma. O problema não é querer mais, é como você quer. Quando sua meta se torna um deus que exige todo o seu tempo, sua energia e sua presença, as pessoas ao seu redor deixam de ser companheiras de jornada e passam a ser obstáculos ou espectadores — e isso é lúgubre, triste e te isola.
A chave está na transparência, pois não se trata de pedir permissão para perseguir o que você quer. Trata-se de convidar os seus a fazerem parte desse processo. Trocar ideias com eles, expor seus planos e desejos, como por exemplo: "Isso é importante para mim, e quero que você esteja comigo, mesmo que às vezes eu não possa estar tão presente quanto gostaria". Torná-los participantes de seus projetos.
As pessoas não vão embora por causa das suas metas, elas vão porque você para de olhar nos olhos delas e de perguntar como estão. Porque seu propósito se torna mais real do que elas.
Inclua-os, como eu digo, conte seus medos, peça ajuda. Faça-os parte da sua vitória, não apenas testemunhas da sua ausência, que muitas vezes é necessária.
Você tem que ter em mente que seus propósitos não são inimigos de você mesmo.
E é aqui que está o mais cru, o que ninguém quer ouvir: muitas vezes não são suas metas que te quebram, é a forma como você as persegue.
Você acorda às 5 da manhã, treina, trabalha, estuda, medita, lê, empreende, cria conteúdo, e no final do dia vai dormir sentindo que não fez o suficiente.
Isso não é disciplina, é uma modalidade de autopunição com disfarce de produtividade.
E atenção, não estou dizendo para você não se esforçar, estou dizendo que esforço sem pausa não é coragem, é negligência consigo mesmo. Um propósito que te destrói é uma ferida disfarçada de ambição.
Pergunte-se: "Se eu conseguir isso, mas chegar vazio, sem saúde, sem paz, sem vontade de comemorar... valeu a pena?" Se a resposta for não, algo você está fazendo errado.
O equilíbrio não é um luxo. É uma estratégia. Pois ser mais sem deixar de ser significa crescer sem se mutilar. Você pode querer mais dinheiro, mais impacto, mais liberdade, mas o que você não pode fazer é deixar de se amar — e isso você tem que fazer sem deixar de amar aqueles que te sustentam.
Significa que alguns dias você avançará devagar, que outros dias descansará. Talvez em outros falhará, e tudo isso está bem. Porque no final, quando você chegar aonde quer chegar, o que realmente importará não será apenas o que você conquistou, mas com quem compartilhou e como se sentiu ao fazê-lo.
Você pode começar hoje, e pode fazê-lo
definindo seu propósito em voz alta com alguém que você gosta. Não o guarde. Que ele deixe de ser só seu e passe a ser de ambos.
Você pode, por exemplo, estabelecer limites para sua própria ambição — como uma hora por dia sem telas, um dia por semana sem trabalhar, uma noite para você, sem culpa.
Você deve revisar sua motivação e se perguntar sem rodeios: Você persegue isso porque realmente deseja ou porque precisa provar algo? Se for a segunda opção, pare e respire — provavelmente é desnecessário.
Crescer dói, sim, mas não precisa destruir. Você pode ser mais e pode continuar sendo você.
Na verdade, essa é a única forma de valer a pena.