Estaba por las caminerías del conjunto residencial donde vivo y me llamó la atención una pequeña planta que estaba sola en lo que debería ser un jardín. Ya la había visto en otras oportunidades, delgadita, casi sin hojas, como raquítica. Yo le pasaba por un lado la veía y listo no pasaba nada. Pero esta mañana, la plantita me sorprendió mostrando orgullosa unas lindas flores. Yo no sé nada de flores, ni plantas, no sé el nombre de ella. Pero me pareció tan linda en medio de la selva de concreto y cabillas, y aunque estaba apurada, me detuve a observarla y decidí fotografiarla.
Yo no soy fotógrafa, quiero aclarar eso. Saqué mi celular y cuando me disponía a tomar la fotografía, una linda mariposa se posó en una de las flores. En ese momento pensé: "Wao, Dios me está regalando un colirio para mis ojos y un refresco para mi mente", pero de pronto, salieron unas vecinas, no sé de donde, confieso que tenían caras de brujas, y me sacaron de mi momento de refrigerio espiritual, diciéndome: "Que....está tomándole fotos a ese desastre que hay allí?". Sinceramente, no había visto el montón de escombros que estaban apilados a un lado de la plantita. Les respondí: "No, estoy fotografiando las lindas flores y la mariposita que se posó sobre ellas".
Me vieron como si estuviera loca. Sentí tristeza por ellas, porque sus corazones están endurecidos por el día a día, porque la prisa no les permite detenerse a ver lo que hay en su camino, solo están pendientes de llegar a su destino.
No les hice caso, tomé mi foto y seguí mi camino, feliz porque aun medio de la desidia, en medio de la basura, en medio de tanto asfalto y cemento, la naturaleza lucha por sobrevivir.