Desnudos, bajo el sol, nos amamos;
el mar no estaba lejos.
Allá arriba un albatros gigante
planeaba, perdido,
sin saber a dónde dirigir su vuelo.
En una roca cercana un cormorán
se ofrecía al sol con alas extendidas
que el viento de la tarde acariciaba.
Ninguna vela blanca marcaba el horizonte.
El horizonte era infinito y todo era silencio.