El secuestrador de mi inocencia

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8y

Ella conocía los secretos más profundos de la gente que la rodeaba, tenía muchos amigos, la invitaban a salir, siempre se sentía afortunada por su familia, que siempre se mantenía unida y tenía un lema “estar juntos es lo más importante”, se decían entre ellos mismos que lo único que realmente tenían eran ellos, que no había nadie que sintiera tanto amor tan grande como ellos mismos.

Aunque se sentía querida, callaba mucho, callaba cosas que jamás le había contado a nadie, ni a sus más profundos pensamientos había querido inundarlos de esas tristes historias, siempre creyó en el amor, siempre creyó en aquél príncipe que la salvaría y se iría con ella a un gran castillo, que la salvaría.

Hubo alguien una vez, que le prometió el mundo entero, le prometió castillos, palacios, museos, viajes, le prometió el amor, le dijo que la iba a cuidar y que iba a protegerla de todo lo que pudiese hacer daño.

Ella le creyó, creía que él era todo lo que ella esperaba, todo y mucho más, lo que ella no sabía era que él la había engañado, la había engañado para destruir todo lo que alguna vez fue, toda su felicidad, toda su luz, toda su confianza. Abusó de ella de todas las maneras posibles, la hizo creer que nadie la quería, que ella era inservible, que nunca iba a lograr sus sueños y que era un ser despreciable.

Ella se destruyó, cambió su manera de ser, dejó de confiar en la gente, dejó de creer en el amor y peor aún, dejó de confiar en ella misma.

Le costó muchísimo volver a estar con alguien, pasaron los años y ella hizo cosas horribles, le hizo cosas horribles a mucha gente, alejó a sus amigos, se sumergió en una depresión silenciosa, nadie sabía que pasaba, nadie, ni su propia madre, quien la miraba con preocupación al verla llorando todos los días, ella no quería decir nada, no quería que nadie supiera lo estúpida que fue al confiar en alguien así.

Poco a poco pasaron los días y ella fue “olvidando” todo lo pasado, siguió adelante con su vida, como si no hubiese pasado nada, pero por dentro, ella lleva todas esas cicatrices que jamás pudo contar, sigue llorando en silencio en días en los que todo parece ir bien, porque no se lo cree, porque ni siquiera es capaz de ver cuánto la quiere la persona que ahora está a su lado, porque no es capaz de entender cómo alguien la puede querer, pero ahí va, un paso a la vez.

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El secuestrador de mi inocencia | Ecency