Recorremos el camino de la vida siguiendo siempre un objetivo: un título universitario, la pareja ideal, una familia, un viaje, comprar una casa, un carro, hacer dinero… vamos caminando tan directo como sea posible hacia esa meta, sin mirar a nuestro alrededor, pensamos que solo cuando alcancemos ese objetivo, alcanzaremos la felicidad. Sin embargo a veces todo resulta en desilusión por muchos motivos: a veces queremos más de lo que conseguimos, lo obtenido no era lo que esperábamos, no nos trae suficiente satisfacción o simplemente nos damos cuenta de que realmente no queríamos eso para nosotros.
Esta forma de ver la vida nos hace extremadamente dependientes, frágiles; solo basta con que un pequeño detalle resulte distinto a lo que esperábamos para que todo se venga abajo, sentimos que todo el plan de vida está destruido irremediablemente, que jamás será posible ser feliz si no se alcanza ese objetivo. Nos afecta un pequeño tropiezo económico, cambios de planes, pequeñas acciones de familiares, amigos o parejas: una mirada, una palabra, hasta un simple mensaje o estado en redes sociales.
En los momentos en que nos sentimos miserables añoramos los tiempos en lo que todo era diferente, cuando nos sentíamos cómodos, felices; a veces vivimos en la nostalgia, en el recuerdo y el pasado, un sonido, una palabra, un aroma, algo que miramos desencadena un recuerdo que termina en tristeza. Así decidimos vivir, haciéndonos daño a nosotros mismos.
No nos damos cuenta de que siempre hay otro opción, la decisión de lo que somos y lo que seremos es nuestra, el pasado siempre es una enseñanza, no se trata de aciertos y fracasos, disfrutemos de esos recuerdos, que ese pequeño detalle que activa nuestros sentidos y nos lleva a un momento distinto de nuestra vida, nos haga sonreír en lugar de entristecernos. Debemos entender que no todo es para siempre y que las cosas que realmente valen la pena perduraran pase lo que pase, siempre habrá algo por lo que seguir, aun sabiendo esto, podemos vivir sin miedo, tenemos la potestad para elegir disfrutar de cada día y cada detalle, disfrutar la sensación de libertad, caminar por la vida tomando lo mejor de cada experiencia, incluso en los peores momentos, podemos vivir en lugar de sobrevivir.
La elección es tuya: transitar un camino pensando que te llevara a la felicidad cuando llegues al final o transitar la vida tomando la felicidad en las pequeñas cosas que suceden durante ese camino.
No olvides vivir, nunca se sabe cuándo se acaba el camino.
Imagen tomada de: https://mejorconsalud.com/caminando-en-linea-recta-uno-no-puede-llegar-muy-lejos/