Ayer terminé mi publicación con esta frase:
Hay que dar y compartir con amor, debemos ser cada vez más generosos y solidarios, así prosperarán nuestras vidas y nuestras relaciones con los demás.
Me quedé pensando todo el día en eso, en el placer de dar, de dar con alegría y con amor.
Dar es un verbo que debemos incluir diariamente en nuestras vidas, significa ceder, entregar. Estoy convencida de que cuando damos desinteresadamente, recibimos mucho más de lo que damos, quizás no en el momento que necesitamos, ni de las mismas personas a las que hemos dado, pero nunca ha faltado una mano generosa a nuestro lado.
Dar, desde el corazón con generosidad y sinceridad es crear abundancia, prosperidad, y no me refiero a la abundancia de cosas materiales, no, me refiero a la abundancia de felicidad, satisfacción y agradecimiento porque podemos tener la posibilidad de entregar, de ceder de lo que tenemos en las manos, ya sea poco o mucho.
Ya decía la Madre Teresa de Calcuta:
Lo más importante no es lo que damos, sino el amor que ponemos al entregarlo.
Y es así, hay que dar desde el amor y la alegría. Y lo más importante, como decía antes, desde el agradecimiento porque podemos hacerlo. Y, otra cosa, con discreción, no hay que gritarlo a los cuatro vientos.