Hoy mientras caminaba hacia mi clase, por primera vez lo hice de forma serena, esta vez deliberé sobre todos esos demonios internos que cada mañana ansían controlarme. Pensé en el silencio como un buen compañero, sin embargo dentro de mi cabeza estaba ese ruido espantoso, y un desorden colosal que me ha costado organizar. Reflexioné sobre la música como lo único que me salva de este patético mundo, ya que disipa los ecos que me aturden. Pero también sobre algunas necesidades o deseos, como sustituir mi herramienta de trabajo y seguir mejorando profesional y personalmente.
Una cuadra más adelante sin ser consciente de lo que hacía crucé dos calles bastante transitadas, estaba inmersa en mis propias conversaciones conmigo misma, hasta que una señora de aspecto demacrado me devolvió a la realidad, ¡Oiga! su cordón está suelto. Gracias, dije con voz ronca al darme cuenta de lo que había pasado. Al agacharme, un recuerdo vino a mi mente, sonreí estúpidamente mientras arreglaba mis cordones, y entonces me sentí triste como cuando la felicidad te es arrancada de repente. Me levanté con ese sentimiento en el pecho y dije, bendita sea esa parte de mí que sigue intentándolo constantemente, aunque sienta que nado en contra, gracias por intentarlo y forzarte Arelis.
Es cierto, ¡claro que lo intento! cada día que pasa lo intento mucho más, por eso retomo algunas actividades que había abandonado porque quiero mejorar, deseo salir de esa maldita rutina que me ahoga que me consume y alejarme de las personas con las que convivo, no me conocen, no me aprecian, y me hacen sentir sola. Al distraer mi mente contribuyo a mantenerme ocupada y no pensar en esas otras personas que están ausentes, que nunca lucharían o tendrían miedo de perderme.
Al fin y al cabo si he modificado algo en mi comportamiento, me he alejado un poco de las redes sociales y de momento no me interesa socializar con nadie, que podría decir, no estoy preparada para empezar de nuevo y presentarme, aún me duele y no he terminado de recoger los pedazos que aún me faltan, necesito trabajar mucho en mí misma, aprender a tener más autoestima, no depender de un pequeño o gran afecto que alguien me pueda ofrecer, no entregarme pensando que los demás harán lo mismo cuando sea necesario. Necesito volver a creer en mí, aunque el mundo dejó de hacerlo, pero !al Diablo todos! solo deseo botar por completo esta carga de culpa y tristeza que me hace dar pasos cansados cada día. Sí, odio tantas cosas, como esta maldita máscara que sonríe cuando la vida me cuenta un chiste que no es gracioso, odio mirar al cielo todos los días buscando la primera estrella, fiel masoquista del despecho que me hace anhelar cosas que son imposibles, odio ver mi puño cerrado como si me aferrara en no soltar y cuando me doy cuenta tiro golpes al cielo como si fuera posible reclamar o desquitarse con la luna, pero en serio ya basta de esto.
Hoy fue diferente, me sentí más decidida que nunca quiero hacerlo mejor, quiero ser mejor que mi yo del pasado. Seguir caminando sin lamentar lo que dejo atrás, seguir adelante será como una especie de pago por mi esfuerzo, por mi decisión voluntaria y no forzada por otros. No tengas miedo me dije hasta el caos tiene su parte interesante, deja de ser la víctima tonta y sé la protagonista.