El caminante avanzaba por el páramo polvoriento, su tez oscura contrastaba con la blanquecina tierra. El fiel bastón de tejo, desgastado, como único compañero de viaje. No buscaba fama ni tampoco fortuna, pero hacía tiempo que faltaba de casa. Avanzaba con paso decidido, escrutando el horizonte con sus ojos curiosos, siempre con el ansia de encontrar nuevas perspectivas. Su gran deseo era lograr alcanzar a ver en color lo que otros solo podían ver en blanco y negro.