Alrededor todo es desconcierto,
figuras difusas se mueven agitadas.
El crepúsculo apremia a no detenerse,
desplegar las alas, el instinto clama.
Todo es colocado en una balanza: material, etéreo, inefable.
Expuestos para ser calculados.
Los recuerdos terminaron ofrendados
ignorando el tirón en la médula.
Sin dar espacio a la conciencia
se esfumaron nimios en arcas ajenas.
En medio de idas y vueltas el pavor
apresó al talante y las máscaras,
se extraviaron, sin refugio ni apoyo,
confinados al pasado, yermos y ciegos.
¡Ni el desnudo paralizó la gesta!
Sólo un tenue vestigio de esencia fue prietamente incluido.
Se desconoce si fue por descuido.
El destino de los pasos es ir directo a lo incierto.
¡Atrévete a mirar una vez más!
Es preciso el permiso,
simplemente un instante.
Tan cerca de la nada sólo subsisten los ecos.
Únicamente quedó un testigo y huye del reflejo.
La humedad al fin amenaza y el pánico resquebraja.
Un grito silente expela la garganta,
las heridas sangran y se revelan.
En este gran vacío,
ya no cabe otra ausencia.
Imagen cortesía de Max Kleinen en Unsplash