Tenemos la tendencia de mantenernos al margen de los errores, y es está bien, es lógico, si como médico me equivoco puede generar grandes consecuencias no sólo para mi paciente sino para mi desde lo legal, desde la conciencia. Y eso es un gran problema. Sé que lo saben, un pequeño error de un médico puede significar un gran cambio en la vida del paciente y de la familia de este.
Pero, no debemos juzgar todos los errores por igual, porque si es cierto que a nadie le gusta equivocarse, pero el hecho de poder estar en esa situación en la que debemos dar un paso atrás para analizar lo que nos hizo fallar, es el punto en el que más aprendemos, si hacemos todo bien, si nunca nos equivocamos (algo que es imposible en los humanos), no aprenderíamos.
Los errores son una fuente de aprendizaje si es así que los concebimos, pero si nos echamos a morir cada vez que algún error surge, seguro que no avanzaremos en lo absoluto, porque incluso el hecho de incomodarnos por la equivocación no nos hace ver lo que podemos mejorar, lo bueno que podríamos obtener de esa experiencia.
Hace algunos días atrás cometí un error terrible, que no me dejaba estar mentalmente tranquilo, no pasó a mayores, supe finalmente revertir el error, pero sólo con el hecho de pensar en todo lo que podía pasar por esa equivocación mi mente se había perturbado un poco, y la fórmula para poder solventarlo fue esa precisamente, dar un paso atrás antes de seguir como si nada.
Aceptar que nos hemos equivocado puede ser incómodo, pero si no lo hacemos nunca podremos estar en la posición de solventar lo que hemos hecho.