Algo que siempre me costó mucho fue levantarme temprano, levantarme en la madrugada para ir al colegio, luego para la universidad, no fue algo que me agradó prácticamente nunca. Pero, con el paso del tiempo se hace el hábito, y termina nuestro organismo por adaptarse a esa realidad, que aunque mentalmente no termines de adaptarte por completo, tu cuerpo si.
Esto me hace pensar que la mayoría de las veces lo que nos limita de poder adaptarnos a algo, lo que hace que ese proceso sea tan complejo realmente es nuestra mente, somos nosotros mismos haciendo ver difícil lo que no es. Pero con el paso de los días, mejor dicho, de los años, terminamos por saber que eso forma parte de lo que debemos hacer para consagrar lo que buscamos.
En cierto modo, aún cuando hay trabajos que deben también realizarse en la noche, es importante levantarnos temprano, porque el día rinde mucho más. Por ejemplo, tengo el hábito de que a las 4 de la mañana ya estoy despierto, incluso sin despertador.
Sólo me levanto y ya, ni siquiera lo pienso, porque sé que debo ir a mi trabajo, y debo realizar mis actividades antes de salir a mi rutina diario, lo que me hace tener una meta en mente cada día.
Disfruto mi trabajo, así de sencillo, y como es algo que me parece agradable hacer, al menos la mayoría de las veces, además de que es mi sustento como adulto, es lo que me da para cubrir mis gastos, entonces lo hago sin pensarlo tanto.
Posiblemente si cuando somos niños las escuelas y todos los institutos de formación por los que pasamos nos parecieran tan divertidos o agradables no tendríamos esa lucha de ver el hecho de tener que madrugar como una especie de tortura. Es una cuestión de perspectiva, claramente.