Cuando los videojuegos son mi refugio (y mi forma de entender el mundo)
estudio en la universidad.
Si alguien me pregunta qué son los videojuegos para mí, no diría simplemente “un pasatiempo”. Sería demasiado fácil, demasiado superficial para algo que me ha acompañado en tantas etapas distintas de mi vida.
Los videojuegos han sido mi refugio, pero también mi forma de pensar, de sentir y de desconectarme del ruido del mundo cuando todo parece demasiado intenso.
A veces la vida universitaria se siente como un torbellino. Clases, trabajos, exámenes, decisiones sobre el futuro… todo llega al mismo tiempo, como si el tiempo no alcanzara para ordenar los pensamientos. Y en medio de eso, hay momentos en los que solo quiero desaparecer un rato del peso de todo.
No en el sentido de huir, sino de respirar.
Ahí es donde entran los videojuegos.
Hay algo especial en encender la consola o el ordenador y entrar a otro mundo. No importa si es un mundo lleno de magia, guerra, exploración o simplemente historias pequeñas pero profundas. Lo importante es que, por un momento, mi mente deja de correr en todas direcciones.
Me gusta perderme en esos universos digitales donde todo parece tener un propósito más claro que el de la vida real. Donde los personajes tienen misiones, caminos, decisiones visibles. Donde el caos tiene forma y, de alguna manera, sentido.
Pero lo curioso es que, aunque parezca que me alejo del mundo real, muchas veces termino entendiendo más de mí misma.
Hay juegos que me han enseñado sobre la paciencia. Otros sobre la pérdida. Algunos sobre la amistad, incluso cuando esa amistad solo existe entre líneas de código. Y otros simplemente me han acompañado en silencio, sin pedir nada, solo estando ahí cuando lo necesitaba.
También está algo más reciente en mi vida: una relación que apenas empieza.
Es extraño cómo cambian las cosas cuando aparece alguien nuevo. De repente, ya no todo es solo estudio o juegos o tiempo a solas. Hay mensajes, conversaciones que duran más de lo esperado, pequeñas sonrisas tontas frente a la pantalla del teléfono.
Y aun así, sigo encontrando en los videojuegos un espacio mío.
No porque quiera alejarme de esa persona, sino porque creo que todos necesitamos un lugar donde seguir siendo nosotros mismos sin explicaciones.
A veces juego mientras pienso en esa nueva etapa, en lo desconocido que se siente empezar algo con alguien. Es como un juego nuevo también: no sabes las reglas, no sabes el final, pero igual decides avanzar paso a paso.
Y eso me parece bonito.
Porque al final, crecer no es dejar atrás lo que te hace feliz, sino aprender a convivir con todo lo nuevo sin perder lo que te sostiene.
Para mí, los videojuegos no son una fuga de la realidad.
Son una forma de entenderla mejor.
Y quizás, entre partidas, estudios y una historia que apenas comienza con alguien especial, estoy aprendiendo a construir también mi propio equilibrio.
Gracias a todos los que leen y me apoyan 😊😊😊😊