Me tropecé con la beldad

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Por:  Arturo Pérez Arteaga:. 

Hoy quiero hablarles y compartir con ustedes algunas de las curiosidades que tiene nuestro castellano.

La imagen fue tomada por mi en un hermoso pueblo del estado Mérida-Venezuela llamado Gavidia

Leyendo “Los Amos del Valle”,  una obra extraordinaria de Francisco Herrera Luque, considerada una  novela histórica, en la que su brillante autor utiliza un lenguaje de la  Venezuela colonial de los siglos XVII y XVIII, me tropecé con esa  palabra y debo confesar que en ese momento debí parar de leer porque me  recordó algunas de las cosas que leo en las redes sociales, mensajes de  texto y ese tipo de herramientas electrónicas, donde aparentemente la  moda es escribir con la mayor cantidad de errores ortográficos posibles y  se me ocurrió el mal chiste de que el autor, en lugar de decir la  palabra “VERDAD” para referirse a la realidad, escribió, a manera de broma: “BELDAD”  y eso, dentro del proceso solitario que es el acto de leer, me hizo  reír mucho, confieso, como un tonto, por lo que, cualquier observador de  mi actividad podría suponer que estaba leyendo un libro de chistes muy  bueno. Hasta este punto, cualquiera puede intuir acertadamente que yo no  conocía el significado de la palabra “BELDAD”, la cual, de inmediato procedí a buscar en mi diccionario y para mi sorpresa, la citada palabra significa “belleza o hermosura”  y no se trata de una inflexión, modismo o americanismo para referirnos a  la “realidad o verdad” y mucho menos una broma del autor cómo se me  ocurrió imaginar al principio.
Esta situación me  había ocurrido de manera similar con un libro de filosofía que trataba  del origen humano o divino de Jesús de Nazaret. En esa ocasión la  palabra que me conseguí fue “escatológica” y en ese caso sí conocía –al menos parcialmente- el significado. Para mí eso sólo significaba “relativo a los excrementos”  y pueden imaginar mi frustración al intentar conciliar aquello; un tema  tan trascendental para los cristianos como es el origen divino de su  profeta y sin embargo el autor lo mezcla con la mierda, sin pruritos ni  sonrojos. Para mi sorpresa, cuando pude estar cerca de un diccionario y  luego de no encontrarle sentido a lo planteado por el autor entre la  mierda y la divinidad, comprobé que la palabra “escatológica” también significa “relativo a las postrimerías de ultratumba”,  lo que me llevó indefectiblemente a releer el libro para poder darle  sentido a todo eso a la luz de mi nuevo conocimiento. De forma  milagrosa, salí de la mierda, para caer en el más allá.
Ambas  experiencias me recordaron la anécdota contada una vez por un connotado  escritor, quien escribió un artículo haciendo referencia a la “SIMA”  de forma explícita y literal y el editor, haciendo gala de la misma  ignorancia que me hizo topar con la beldad y la escatología, corrigió la  palabra publicando el artículo con la palabra “CIMA”, cambiando totalmente el significado del artículo. Porque como comprenderán no es lo mismo estar en la Cima que en la Sima.
Son  cosas de nuestro castellano, que muy particularmente me han hecho  tratar de tener siempre a mi lado un diccionario que me permita mejor  entender el mundo de las letras, conocer lo desconocido y poder sumarle  sinónimos y antónimos a lo que creo ya conocer. Seguro estoy de que  estas no son ni las únicas ni las últimas experiencias, sobre todo  porque no pienso privarme aún de la hermosa aventura y el gran placer  que me produce la lectura. 

-APA-

 

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