Dicen que los malos presentimientos son una sensación que es causada por la ansiedad, pero yo pienso que son una mezcla de ansiedad y contenido subconsciente. La ansiedad puede ser causada por muchas cosas, como el estrés, problemas, preocupaciones sobre el futuro, etc., y los contenidos subconscientes pueden ser todo tipo de recuerdos o experiencias pasadas, o incluso presagios sin sentido. Por lo tanto, los malos presentimientos son una mezcla de ansiedad y contenido subconsciente que pueden crear una sensación de inquietud o preocupación. Pero, ¿qué pasa cuando estos “presagios sin sentido” son un anuncio previo? Hace unos días sentía mucha preocupación y vacío sobre lo que iba a ser de mi en el futuro, y como consecuencia empecé a sentirme extraña e incómoda, como era de esperarse, este comportamiento tuvo consecuencias, daños colaterales en mi relación.
Después de un rato, me di cuenta de que mis malos presentimientos eran un aviso para que me preparara para un cambio inminente, y así fue. Me di cuenta de que mis malos presentimientos no eran solo ansiedad, sino que eran una mezcla de ansiedad y contenido subconsciente que me estaba indicando que me preparara para algo; de que enterrar las sombras del pasado y perdonar lo imperdonable volverían para decirme que tal vez me estaba equivocando.
El contenido subconsciente me avisaba, ya desde hace tiempo, que tal vez me estaba equivocando, quizá el lugar que llamé amor sólo lo estaba idealizando. También que abrir la boca demasiado me iba a traer, tarde o temprano, problemas sin solución. Pero lo ignoré. Mi corazón no podía resistirse a aquel sentimiento que me embargaba, una mezcla de deseo y pasión. Me sentía irremediablemente atraída, aunque mi mente me gritara que me alejara. Hubo momentos de intensa felicidad, pero también de profundas decepciones. Me convencí a mí misma de que todo se arreglaría, de que aquel amor era único y especial. Pero el tiempo y la vida me demostraron lo contrario. Una tras otra fue desapareciendo mis ilusiones, hasta que por fin abrí los ojos y me di cuenta de la verdad.
Mi subconsciente me estaba advirtiendo desde hace tiempo, pero yo no quise escuchar. Ahora entiendo que no me podía salvar de mi propia ignorancia, y que mi destino estaba sellado desde el principio. El amor era una ilusión, una quimera que quería alcanzar a toda costa. Lo único que conseguí fue herirme y herir a los demás. El amor no se impone, se construye con paciencia, con confianza y con mucho respeto. Me llevó un tiempo comprenderlo, pero ahora sé que el verdadero amor es el que se construye a partir de una base sólida de respeto y comprensión. Por eso, cuando me enfrento a una nueva relación, me tomo mi tiempo para conocer a la otra persona. ¡Mentira! Mi impulsividad me lleva a lugares placenteros y llenos de felicidad que me ciegan completamente. Me gusta pensar que sé lo que quiero y que la otra persona encaja con mis expectativas. Me gusta creer que el amor es la única cosa que necesito para estar feliz, así que me entrego a él alegremente y sin temor. No me tomo el tiempo para conocer a la otra persona porque confío en que el destino me guiará hacia la persona correcta. Asimismo, pienso que exponerlo es un acto de amor muy fuerte, pero al mismo tiempo se que es un acto peligroso.
Sin embargo, ahora entiendo que el destino no existe, y que estoy en control de mi propio destino. Entiendo que los malos presentimientos son una señal de que hay algo mal. Entiendo que confiar en mi subconsciente me ayudará a evitar el dolor y la decepción. Entiendo que el amor es algo que hay que buscar con cuidado, y que debo ser consciente de mis sentimientos para no caer en la trampa de la ilusión, pero si no fuera por todas estas trampas entonces, ¿quién sería? ¿A caso un robot que sigue instrucciones o un ser viviente que busca la perfección?
No lo sé, pero de lo que si estoy segura es de que el éxito no es una meta, sino una consecuencia de la dedicación y el trabajo que hay detrás de cada uno, en todos los aspectos y si algo no funciona como lo esperamos, bueno, habrá que encontrar las fallas y arreglar lo que quede en nuestras manos, así es como funciona el éxito.