Me has dejado las manos frías
y el corazón empapado.
Sangro, aunque no duele,
y los recuerdos me aligeran el paso.
Es que darle puntaditas
a lo que he vivido contigo,
es más que suficiente
para saber lo que realmente quiero.
Te quiero conmigo,
nuestras silenciosas noches,
nuestra pequeña cama,
y mi cabeza sobre tu pecho.
No bailas ni los ojos,
pero orgullosamente
daría traspiés contigo.
Dame tu sonrisa cada día,
que tú te has ganado la mía.
Si me encuentro con tu amargura
no me quejo,
nos hemos hecho buenas amigas.
No todos los días son perfectos,
pero qué bonito ha sido todo.
Regálame todos tus momentos,
no importa si mañana se embarran en lodo.