Hay cosas en la vida que no se compran. La amistad es una de ellas.
Puedes tener dinero, propiedades, contactos. Pero si no tienes alguien que te escuche sin juzgarte, que te llame cuando no has escrito, que te diga la verdad aunque duela, entonces no tienes nada.
La amistad verdadera no se mide en mensajes diarios ni en regalos. Se mide en presencia. En saber que si algo pasa, esa persona va a estar ahí. Sin condiciones. Sin intereses.
En Cuba, la amistad tiene un significado especial. No es un lujo, es una necesidad. Es el vecino que te presta un poco de arroz cuando no tienes. Es la amiga que te guarda un lugar en la cola. Es el amigo que te trae algo del extranjero y no te cobra. Es saber que no estás solo, aunque el país se caiga a pedazos.
He aprendido que los amigos no se cuentan con los dedos de una mano. A veces son menos de los que crees. Pero los que quedan, esos valen más que cualquier tesoro.
La amistad no se cultiva con grandes gestos. Se cultiva con pequeños detalles. Un mensaje a tiempo. Una llamada inesperada. Un "¿cómo estás?" sincero. Un silencio compartido sin incomodidad.
Si tienes un amigo de verdad, cuídalo. No lo des por sentado. Porque la vida da muchas vueltas, y a veces los que se van no vuelven.
¿Qué significa la amistad para ti? ¿Tienes ese amigo que sabes que estará siempre?