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Cuéntame cómo se siente tu piel cuando es traspasada por mi mirada, cuando con un sonoro suspiro trato de disimular la tensión muscular que me ocasiona tu cercanía y me roba la calma.
Suelo desearte hasta muy tarde en la noche, cuando el cielo está muy oscuro y la luz del día aún no alcanza a adivinarse
Imagino tus labios besando mi piel, arrancando gemidos y miradas de placer, tus manos explorando también, palpando y reclamando cada espacio de mi ser, bebiendo de mi fuente hasta hacerme enloquecer y llegar a ese clímax, a ese maravilloso orgasmo que me hace fallecer, una y otra vez.
Sé que no te puedo tener, pero eso no me impide imaginar y recrear mi deseo desde donde esté, en tu cama o a tus pies, probando tu miel, desatando mis instintos y mi lujuria de mujer.