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Siempre que paso por la escuela de la calle 59, siento que regreso a mis épocas de la niñez, cuando mis únicas preocupaciones eran jugar, hacer amigos, y hacer la tarea.
¡Qué tiempos eran aquellos, en dónde creía que el mundo era una gran selva por explorar!
Era feliz a pesar de todo; era feliz porque me sentía protegida y amada. Pero la adultez te hace estrellar contra la pared, recordándote que la vida no siempre es dulce, que también tiene su propia oscuridad y sus propios sinsentidos.
Pero vuelvo mi mirada hacia ese edificio de color verde, con su gran cúpula coronando su centro. A mi mente llega el recordatorio de que aquellos momentos de juegos y amistades eran parte de todo un camino que recorres hasta tu propio fin del mundo, recuerdos que se quedan contigo.
Y eso es todo lo que necesitas saber para seguir adelante.