La Última Guardia|Relato

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✨✬Nota De Autor✨✬

Dedicado a esos soldados indestructibles de la salud, que luchan y se arriesgan duramente para salvar vidas. Espero disfruten el relato.

LA ÚLTIMA GUARDIA

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FUENTE: PIXABAY


Los llantos. Los sueños caídos. Las vidas arrebatadas.

Me derrumbo en la sala de cuidados intensivos. Me duelen las rodillas, y me pesa el aliento. No puedo más… no puedo más. Las manos palpitan y los oídos me zumban. ¡Basta ya! ¡Basta ya! Siento las lágrimas colearse en mi mascarilla, y el sudor mojando mi cuerpo por debajo del traje de protección. Hoy han partido ochocientas personas más, y han ingresado otras mil. Las rodillas me sirven de consuelo; me aferro a ellas, e imagino que es a mi madre a la que abrazo.

Lo he decidido, ésta será mi última guardia. Perdí la guerra, perdí la fuerza, perdí la voluntad. Siento que mi alma se va en pedacitos cada vez que desconectan un respirador… cada vez que alguien parte. ¿Cómo pude luchar tanto? ¿Cuándo fue que la vida se escapó de nuestras manos? Antes no lo veía claramente, pero ahora el destello de la humanidad palpita en mis ojos. Fuimos ángeles cuyas alas nos llevaron a los rincones del cosmos, pero siempre fuimos tan débiles, tan materiales, tan desprovistos de nuestra vulnerabilidad.

Convalezco ¿estoy gritando? Así parece. A mí alrededor, enfermeras y doctores tratan de alentarme, de transferirme su vitalidad. Lo cierto es que no puedo ni levantarme. Miro a mi madre, aunque ella no está presente, no desde que sus pulmones colapsaron. No puede despedirme de ella por la larga distancia entre nosotras, y me duele, me duele mucho.
¿Por qué tienen que irse? ¿Por qué no podemos salvarlos a todos?

Alguna vez vivimos de abrazos y de caricias, de fraternidades inseparables. Alguna vez fuimos humanos. ¿Qué somos ahora? No me gusta elegir quién debe vivir y quién no, no me eduqué en las ciencias médicas para esto. ¿Por qué tiene que ser tan difícil? Solo quiero ir a casa y acobijarme en la soledad. No puedo más… No puedo más

Siento que me levantan, aunque estoy tan perdida que no identifico los rostros. Son doctores, sí, puedo apenas distinguir sus mascarillas. ¿Están aplaudiendo? ¿Pero cómo? Entonces lo veo con claridad, un anciano de avanzada edad, con un bastón en una mano, se aleja de la sala completamente recuperado. Detrás, otro puñado de pacientes, todos desfilando a la libertad de una nueva vida. ¿Estoy aplaudiendo? Sí, pero ahora me gana la felicidad. Aun podemos salvarlos, no todo está perdido.

Una nueva fuerza se apodera de mí; tengo las piernas firmes y las manos duras. Sé que me equivoqué, porque ¿Cómo pude pensar en dejar esta batalla? Ahora más que nunca debo dar lo mejor de mí para salvar a la mayor cantidad posible de personas. Esta batalla apenas comienza, vendrán guardias muy difíciles… pero cada aplauso valdrá la pena.


#QUEDATEENCASA


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El relato es creación original de: alinsonchangir@alinsonchangir

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