Después de varias copas, las féminas se sentían por completo desinhibidas, hechizadas por el sensual, erótico baile de Brandon, el moreno, atlético desnudista más aclamado y solicitado en el bar.
Brandon disfrutaba de su oficio. Le gustaba complacer a su clientela. Ésta le lanzaba todo tipo de piropos, todo tipo de bragas también.
Esa noche las tenía vueltas locas con su primera vez estrenado uniforme de marin, que poco a poco se iba quitando. Sus nuevos movimientos, un poco más gráficos que en noches anteriores, despertaba el frenesí de sus fans. Camila, Vicky y Elsa se deleitaban con el espectáculo desde una mesa justo al frente del escenario. Ya habían resuelto pagar un baile privado de Brandon solo para ellas tres. Al terminar la canción, el stripper, quien había quedado en pura tanga, alzó sus musculosos brazos como un héroe. Su ardiente audiencia lo ovacionó con cumplidos, aplausos, chiflidos, atrevidas propuestas.
Brandon sonrió agradecido e hizo una reverencia. También aplaudió a sus descontroladas admiradoras, luego dijo adiós con la mano.
— ¡Qué hombre! — exclamó Vicky.
— Lástima que ya no los hacen así. Yo lo haría tan feliz al papasito — dijo Camila.
— ¡Queremos un privado! — gritó de pie la ninfómana de Elsa poniendo las manos alrededor de su boca.
Brandon volteó, le hizo una señal con las puntas de sus dedos índice y pulgar.
— ¡Ahorita viene, ahorita viene chicas! — exclamó apretando los puños, dando brinquitos como colegiala.
El stripper tomó sus prendas de vestir, las bragas que le habían lanzado del suelo, desapareció del escenario y se encaminó al camerino.
— ¿Cómo te fue cariño? — le preguntó Jason al abrir la puerta.
— Genial, como siempre corazón — respondió Brandon. Se miraron, se sonrieron. Jason, vestido de bombero, puso sus brazos alrededor de su cuello. Brandon aventó la ropa a un sillón, lo abrazó de la cintura para luego darse un beso apasionado.
— ¿Cuál quieres que me ponga ahora bomboncito? — preguntó Jason echando una mirada a las bragas que a Brandon le habían sido lanzadas.
— Esos rositas de encaje mi amor — dijo Brandon mientras señalaba con su dedo.
— Los rositas serán entonces papi. Deséame suerte — pidió Jason. Brandon lo tomó del rostro, se volvieron a besar.
— Suerte corazón. Mátalas con tu belleza— deseó Brandon al despegar sus labios. Jason se dio la vuelta, Brandon le dió una nalgada.
— ¿Quién está ardiendo para apagar su fuego? — preguntó Jason con micrófono en mano a la audiencia.
Las féminas gritaron como desquiciadas. Más de un frenético « ¡yo! » se dejó escuchar.
Una melodía rítmica, rápida, sensual comenzó a tocar. Jason se volvió fuego, las damas se empezaron a derretir.