Vengo a pedirte con el alma en la mano, con todo el amor del mundo, que vivamos este amor que ha brotado de mi ser sin ninguna medida; no importa si en tu pecho hay menos mariposas que las que hay en el mío, y tampoco tengo miedo a escudriñar en tu pecho y lograr que tú sonrías.
No permitas por favor que esta historia sea igual a la de muchos, que por miedos, por orgullos y por falta de coraje se pierden entre puertas entreabiertas; no puedes imaginar cuantos sueños cargo en mí ser para que puedas ser feliz, cuantas veces platicando con la luna me dice que tú me esperas.
Pero vengo, con algún ramo de esperanzas verdes a tratar de conquistarte, y ni siquiera abres la ventana de un a lo mejor o una gotita de un sí; y regreso de nuevo al rinconcito de mi mundo donde nado entre mi llanto de lágrimas sin brotar, un mundo pequeñito en donde solo existe tu sombra y mi incansable esperar.
Que he de hacer para que me puedas ver como un humano que se desgasta en perseguir tus huellas, te envío mensajes de los que me dicta el dios de las palabras bellas; y el condenado cupido nunca pudo dar al blanco de tu pecho con la flecha de mi amor, mientras duermes en la nube de tus vuelos, yo desde la luna asomo y no sé qué más decirte.
Pero duermes y talvez no te atreves a perderme, o solo divago presa por los deseos que quiero que se cumplan y que quizás nunca sea así.