Volando por el jardín de mis sueños, y encuentro entonces sobre una rosa tus sueños, niña hermosa, de unos ojos color de los que anhelan los míos para quedarse a vivir.
Mujer preciosa, el fruto eterno que por siempre quise encontrar para mí, entre el rojo y blanco de una sonrisa llena de miel y alegría, para poder sonreír.
Vuelan los colores, y mil vocecillas de hadas misteriosas observan inquietas, caen miles de pétalos sobre mi cabeza que sueña en tu pecho y parecen ser nubes; ni siquiera el viento sopla, solo se escuchan canciones que vienen del bosque, y millares de avecitas que vuelan entre las flores y se posan en tus manos.
La inmensa felicidad de saber que no es un sueño, es lo que me hace soñar, tanto me has hecho feliz, que me pusiste dos alas para llevarte a volar; y te beso, y te mezo entre mis brazos y te sientas en mis hombros y... suspiras, yo lo siento, vas recogiendo muchas flores de tu color favorito, y las colocas entre tus dulces cabellos.
Nos quedamos a vivir entre mil flores, y no pudo pasar el tiempo para hacer viejo este amor, fue una receta del aroma de una flor cada mañana con una frase de amor diferente cada día; primero yo con la mía y un te amo por la espalda, una canción...mi poesía, y luego tú que me sirves un café, y la servilleta escribes, eres el amor de mi vida.
Y así fue que vencimos el desamor con amor...y detuvimos el tiempo.
Pidiéndote de rodillas cada día con una rosa en la mano... que hoy de nuevo seas mi esposa.