Apreciados lectores de Hive Blockchain, reciban mi cálido abrazo virtual.
Soy @alidamaria, la misma de Palabras con vida.
(Foto: Archivo personal)
Por las razones que más abajo expongo, sin mucho tiempo disponible y sin máquina para escribir a mis anchas, decidí posponer mi incorporación a la colmena y postergar también, desafortunadamente, el deleite que me produce ver y leer sus publicaciones, sus creaciones, con las que mantienen activo este enjambre de buenas ideas y de bellas imágenes.
He estado inactiva en estos medios pues debí trasladarme fuera de Cumaná, mi ciudad habitual, para disfrutar de vacaciones en mi familiar isla de Margarita. Pero me quedé atrapada, durante largos meses, en asuntos familiares que requerían de mi presencia y de mi ayuda. Un inesperado accidente envió a una de mis hermanas a cuatro meses de hospitalización en el “Luis Ortega”, de Porlamar. Allí, en aquel inhóspito lugar enjugamos lágrimas de tristeza, en primer lugar, por la situación de mi hermana y, en segundo, porque las condiciones de las instalaciones eran (creo que todavía, son) verdaderamente un horror para quien debe transitar por sus infortunados pasillos y salas. A la par, derramamos lágrimas de alegrías con cada momento positivo que se lograba en torno a la recuperación física de mi hermana y por las muestras de solidaridad que recibimos de nuestros amigos y parientes, del personal de atención médica y también, por gloria del universo, de los otros pacientes de la sala y de sus familiares.
En medio de ese caos, mientras el tiempo se detenía o se discurría en nuestras manos, entre sonrisas y llantos, fui hermana, hija, madre, tía, tía abuela, bisabuela, nana, enfermera, amiga, cuidadora, mandadera, cocinera, camarera, costurera, agricultora, peluquera, consejera… Fue un ir y venir de acumular cansancio por horas incontables, irrecuperables, en las que trataba de ganar pequeños espacios individuales para no morir de angustia ni de tristezas y sobreponerme a ello, a como diera lugar, para mantener una sonrisa en mi rostro y mantener la esperanza al día.
Para mí fue un tiempo duro, fuera de mi casa, de mi espacio vital, sin la dulce presencia de mi amado @oacevedo, compañero de vida; meses que me llenaron de muchas experiencias, que me hicieron recordar historias vividas en mi infancia o juventud (algunas olvidadas o, mejor dicho, guardadas en el cajón de mi memoria, que mi familia traía a colación en las horas de espera) u otras nuevas que aliviaron mi pena y alimentaron mi alma.
El inminente inicio de la cuarentena por coranavirus me trajo de vuelta a casa, a la grata compañía y cercanía de mis otros amados, amores y amigos incondicionales: @gracielaacevedo,
@josemalavem,
@evagavilan,
@marcybetancourt,
@nancybriti,
@adncabrera, entre otros compañeros, quienes han insistido o influenciado en mi regreso a la blockchain en esta oportunidad. Regresé a casa a descansar, a dormir, y a más dormir; retorné para disfrutar nuevamente a Don Quijote y a Sancho Panza, releyéndolos como si fuese la primera vez, riéndome a grandes carcajadas con cada una de sus aventuras. Dormía, comía y leía: la máxima felicidad.
Estoy de vuelta, amigos lectores, y pretendo mostrarles cómo vivo mi mundo de palabras e imágenes. ¡Muchas gracias por leerme!