La frustración es real, sientes cuando llega y como llegas; sientes aquel mal sentimiento llamado frustración tomando cada parte de ti, cada mínima parte de lo que eres, y se niega a abandonarte, se niega a dejarte ir.
Es impresionante como algo tan pequeño puede pasar a ser algo inmenso, solo en cuestión de segundo, no sabes que hacer, sientes desesperación, sientes que todo escapa de tus manos, te desesperas, ¿y ahora qué? ¿cómo puedes luchar contra algo tan fuerte sin ayuda? ¿sin apoyo?
Fijo mi vista en algún lugar y luego de unos minutos pierdo el rumbo de lo que veía, paso mis manos por mi cara, estoy exasperada, mis ojos llorosos demuestran cuan derrotada estoy hoy, demuestran que tan mal me encuentro, ¿cómo lucho contra esto? La frustración que siento es bastante, me sobrepasa.
Las lágrimas de desespero luchan por salir, pero me reprimo, no me quiero sentir más débil de lo que estoy siendo, no pienso con claridad, todo es más confuso y difícil de arregla, ¡oh! Ahí está el sentimiento otra vez, querida frustración; las cosas no ocurren como deben, no logro sobresalir en lo mejor que se hacer, nadie me toma en cuenta, realmente siento que no estoy logrando los objetivos.
Y dejo de intentarlo; dejo de intentar, dejo totalmente que la frustración vuelva a invadir cada parte de mí, pero está vez de una forma más violenta, más atroz, me tumba, me arrastra y me lanza a un pozo sin vacío, ¿dónde están mis ganas de seguir intentándolo? Ahora solo quiero llorar, vuelvo a pasar mis manos por mi cara, me detengo, respiro hondo, pero siento que no tomo suficiente aire, mis pulmones reclaman, y rompo en llanto.
La frustración gano está vez, lo volvió a hacer.