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Dibujo de mi autoría
Había una vez una caimana que era muy coqueta siempre andaba arregladita con sus zapatos de tacón y un lacito en la cabeza, ella tenía muchas amigas y se la pasaba en el salón de belleza.
Un día cuando estaba en la peluquería paso una traviesa coneja y gritó:
-La caimana tan coqueta y no se pinta la boca.
Enseguida volteó la culebra para ver a la caimana, a la elefanta, a la gallina, la yegua, y a todas las que se encontraban en la peluquería.
Pero ninguna dijo nada, todas sabían porque la caimana no se pintaba la boca; la tenía tan grande que gastaría mucho lápiz labial.
Entonces la caimana se fue muy triste al bosque, ya cansada de caminar se sentó sobre la hierba a mirar las flores, una mariposa que pasaba la vio tan triste que decidió parar su vuelo y le preguntó:
-¿Qué le pasa señora caimana, que la veo tan triste y pensativa?
-Que no puedo conseguir lápiz labial para mi linda boca.
La mariposa le dijo:
-Venga conmigo y ya usted verá.
Las dos se fueron caminando y llegaron a unas matas que la caimana nunca había visto, entonces la mariposa agarró unas pepitas rojas de la mata y se las pasó por los labios a la caimana.
Eran pepitas de onoto las cuales servían para pintarse.
Cuando la mariposa se las pasó por los labios y al quitárselas, la caimana tenía la boca tan roja como la sangre.
Luego volvió a la peluquería y cuando la vieron todas se quedaron pasmadas y da la casualidad que en ese momento iba pasando un caimán y al verla saltó de alegría, los ojos se le salían y silbaba, ¡Estaba enamorado!
Se conocieron y a los días fue la gran boda, por supuesto la caimana tenía la boca pintada y vivieron felices por siempre.
Y este cuento se acabó…