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La adivina

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En aquel tiempo vivíamos de adivinar el futuro a los que pasaban por el camino. Eran mis mejores días. Algunos nos pagaban con billetes y monedas gastadas,iban y venían de los campos petroleros, otros nos dejaban comida ,animales y una vez hasta una vitrola muy vieja con tres discos de Opera. Aida .Carmen y La

Traviata.
Flora y Jacinta, mis hermanas leían en la bola de cristal, el destino de aquellos viajeros llenos de miedo y preguntas. A todos les decían que serían ricos y poderosos, se marchaban felices después de escuchar lo que querían escuchar.

Yo hacía las veces de guardiana y cobradora, También limpiaba las máscaras que usábamos. Les había dicho a mis hermanas que eran por seguridad, por si acaso algún inconforme con su futuro nos reconocía luego en el pueblo y decidía darnos una paliza.

Lo cierto era que mis hermanas eran muy bellas y yo tenía miedo de que algún aventurero se las llevara (como en efecto paso tiempo después).

Primero se fue Jacinta con un Árabe que vendía telas y luego se hizo millonario en Maracaibo con una máquina de hacer hielo, después Flora se escapó con uno de los encargados de los pozos, un norteamericano que se la llevo a orillas de un gran lago congelado, donde se murió de frio y remordimiento por dejarme sola.

Quise hacer dinero en los pueblos con las máscaras, asustando a los niños que no querían comer y amaestrando iguanas, pero no tuve suerte, ahora vieja, arruinada, alcholica y casi muerta, han venido a cambiarme la bola de cristal por una botella de ron.

Al limpiar la bola para entregarla he visto en ella mi solitario funeral de caridad, y una tumba sin nombre donde me enterraran por la mañana.

Pensar que yo era una verdadera adivina y jamás lo pude adivinar.

La adivina | Ecency