Albricias del Solsticio Sangriento

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"Mas el ángel les dijo: No temáis, porque he aquí, os traigo buenas nuevas de gran gozo que serán para todo el pueblo; porque os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor.:

                     SAN LUCAS 2:10-12 

I. Invocación

No llegaron ángeles. Llegaron cuervos.

Con picos manchados de vino espeso

graznan: "¡Albricias!" desde el abeto nudoso

donde cuelgan, como fruta negra,

los restos del año que agoniza.

II. El Banquete

Sobre el altar de roble, no hay pavo ni pan.

Hay la manzana mordida por la escarcha,

el cordero que ofreció su garganta al cuchillo

sin balar, con ojos de éxtasis.

"¡Albricias!", susurra la savia

desde las raíces que beben de los huesos en camposantos.

La cosecha es el miedo. El vino, sangre vieja.

III. Los Cantos

No suenan villancicos. Suenan los aullidos

de la jauría en el bosque de hierro,Un coro de lobas pariendo bajo la luna fría,

el crujir de la cerviz.

"¡Albricias!", ruge el viento del Norte.

El Dios que nace hoy lleva pieles húmedas y colmillos de hielo.

IV. Los Portadores

No son reyes magos. Son los sin rostro, que caminan entre dos nieblas,

ofrendando no oro ni mirra, sino semillas

de cicuta y beleño. Traen la noticia:

"¡Albricias!, dicen con bocas de tierra.

El niño en el pesebre no sonríe.

Aprieta el puño, y en él brilla un filo de obsidiana.

V. El Rito

La estrella no guía. La estrella vigila.

Es el ojo fijo de lo que no duerme,

el faro que atrae a los barcos perdidos

hacia los acantilados de hueso blanco.

"¡Albricias!", chirrían los grillos de hielo.

Midamos la noche. Es tan larga y profunda

que en su vientre cabe el olvido de todos los dioses.

VI. La Promesa

No es paz lo que trae. Es el fuego sin humo,

la purga del mundo cansado,

el retorno del hacha, del arco, del cuchillo.

"¡Albricias!", resuena el trueno lejano.

La luz que nacerá tras esta negrura

no será amable. Será despiadada y clara,

como el hielo, como el relámpago, como la verdad

que parte el alma en dos y solo celebra

con cuervos, con lobos, con raíces sedientas.

La nueva era no llora. Acecha.

Y su primer aliento es una blasfemia

que congela los labios de los que aún rezan:

"¡Albricias!".

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