Llegó por el camino, su sombra a cuestas, de manos fuertes, sus ojos mansos, paso cansino, la piel curtida, magia o destino, tal vez su tiempo, quería olvido, secas sus lágrimas, amor perdido.
Buscaba cielos, nuevas quimeras, cerrar heridas, mil primaveras, metas sin rumbo, otras fronteras, pensaba en ella, la había soñado.
Dulce y gentil, su rostro amado, que lo llamaba, voz en el viento, que lo impulsaba, le daba aliento, para encontrarla, para ser uno.
Sus brazos fríos, tenían prisa, quería voces, dulces sonrisas, profundo abrigo, volver a amar, sentirse vivo.
Sabía que ella también estaba, presa de ansias, enamorada, en un rincón, en algún sitio, con esperanza, ilusionada.
Golpeó las puertas, abrió ventanas, navegó ríos, gritó en montañas, preguntó al bosque, a viejos duendes, a bellas hadas, juntó sus manos, pidió a lo alto, quizás el sol o alguna estrella, que se apiadaran, lo condujeran, sendero firme.
Siguiendo huellas, perdió los miedos, él no cejaba, pasaron noches, muchas jornadas, el caminaba, creía firme, verdad en su mente, que la hallaría.
Una mañana, alguna tarde, un horizonte, que lo llamara, su voz al viento, para abrazarla, para besarla, dulces momentos.
No sé el destino, no sé la huella, si lo logró o fue quimera, a veces, surge en mi pensamiento, pensar en él, pensar en ella, quiero creer que fueron uno, que fue feliz al encontrarla.
No lo vi más, no sé su nombre, siguió su marcha, de madrugada, se fue despacio, como un lamento, casi en silencio, paso cansino, su sombra a cuestas, sus ojos mansos, siguió el camino.
Entró a la bruma, miró los cielos, fue solo un tiempo, quizás un sueño, tal vez olvido...