Una soleada tarde tranquila
a brazos de Morfeo me rendí
junto a un buen vaso de mi tequila
y un cigarro que nunca me encendí.
Caí rendido al mundo absurdo
donde era un pequeño animal,
pero si mal ya no recuerdo
también cazador espectral.
Extraña la historia viró
destino directo al azar,
un conejo allí me miró,
me dijo íbamos a cazar.
Cruzamos por la madriguera
todo un ejército en ceguera,
criaturas varias ordenaban,
y a vastas hordas atacaban.
El frenesí de la batalla mandó
y tras nosotros nada sobrevivió,
lechugas y zanahorias ya olvidó
el ser humano que solo se durmió.
El mundo pertenece al hombre
no es lugar para el roedor
y antes del amanecer, corres,
con el ansia del vencedor.
Mas mi sueño no terminó,
y mi presa aún no apareció,
volviendo a un humano cuerpo
en mí el miedo prevaleció.
Mágico faro en mi mano materializó
solo para descubrir que la presa era yo,
de un ser misterioso que ante mi se deslizó
y allí al más extraño de los cactus poseyó.
Inmóvil se mantuvo, falso permaneció,
a mis ojos constantes, espera distracción.
Y ninguna distracción hubo
pues ahí todo terminó,
pero ahora, regreso al dia,
la pesadilla siguió.
Mi habitación su propiedad
yo inesperado morador,
paciente espera la entidad,
mi grito aguarda con fervor.
Grito intento, silencio banal
Movimiento ansio, no existe tal
Miedo expiro, mi expresión fatal
Al ser desisto, risa mortal.
Mis cautivos ojos no aparto
una resistencia final,
ahora muerta considero
toda mi existencia real.
El golpe me eleva, ¡a moverme puedo volver!
De mi cuerpo soy amo, ya señor de mi ser
Del sueño escapo, miedo vuelto felicidad
ante el sueño de la pesadilla terminar.