¿Acaso no es divertida
la carne podrida?
Otrora imponente
ahora sólo impotente
veo el paso de la gente
con arrugas en la frente.
Creen que ya no siente
este miserable ente.
Un cuerpo consumido
y vacío de ego
marca a fuego
el tiempo perdido.
Poco a poco olvido
mi camino recorrido.
Y olvido solo guardo
en el lago del recuerdo,
lugar que ahora pierdo
por razones que no entiendo.
Que ni entiendo ni recuerdo,
pues una explicación no tuve
o en mi mente no mantuve
algo que me asegure seguir cuerdo.
Único recuerdo verdadero
es ser ahora perecedero.
No guardo en mi memoria
a aquellos que antes quería,
ni los tiempos donde tenía
control sobre mi vida,
vida que me entretenía
sin tener la mente perdida.
Perdida ya la vida
también de mi querida.
Y qué me queda ahora
sino desgracia servida
solo esperando la hora
de mi última caída.
Dulce y odiada caída
salva mi mente raída.
Los días me matan
sin esperar una tumba,
mi tumba ya plantan
sin esperar que sucumba.
No hay esperanza
ni futura bonanza.
Vida, ¿a qué aguardas?
Compensa mis miserias pasadas.
Único deseo, un final rápido
antes de devolverme al olvido.
Muerte, solo eso te pido.