Este relato que comparto con ustedes, como dicen en las películas, está basado en un hecho real.
La mujer llevaba al niño de la mano, flamélico; el hambre saltaba en sus ojos.
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Ella se detuvo frente a una casa donde venden panes, contó muchos billetes de baja denominación, compró el más pequeño, uno dulce.
Lo picó por la mitad, el niño devoró su parte y se la quedó mirando; ella lo contempló con una mirada que yo nunca había visto, como si sus ojos miraran hacia adentro, entonces le dio su mitad de pan a su hijo; él dio unos pasos con el pan en la mano, se detuvo, la miró con mirada de hombre, extendió su mano con el pan; ella dijo que no con un gesto; él la obligó a aceptarlo, deteniéndose, hablando con la piel.
Ella tomó el pan, apretó su mano, y continuó caminando; lloraba en silencio; pude verlo.
Entré a la casa, cerré los ojos, y sentí la obligación de contarlo; de salvar el dolor desde adentro.
Gracias por su lectura