3
Clarissa ya conocía lo que decía el informe diagnóstico. Así que pasaron al segundo juego encuadernado que tenía por título Procedimientos para Operación Venezuela Independiente y el membrete decía presidencia de la república. “¿Qué es esto?” preguntó Clarisa. Salazar no podía decirle nada y se hizo el tonto. Comenzaron a revisar el manual y descubrieron que eran procedimientos para actuar en el actual estado de emergencia. Ellos ya tenían una idea de todo eso y al leer confirmaron sus peores temores, así que fueron a la carta. Salazar comenzó a leerla:
……………………………………………………………………………………………
Presidente Trabajador, Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Comandante en Jefe de las FANB.
Al pueblo Venezolano, Bolivariano y Socialista:
Un ejército de patriotas combatientes, autorizado por el Soberano Tribunal Supremo de Justicia, ha venido a reforzar y asegurar la región capital, para garantizar así la libertad ganada por El Libertador.
Nosotros somos enviados por la providencia histórica, encarnada en nuestro Padre, Simón Bolívar y nuestro Gran Líder Supremo, Hugo Rafael Chávez Frías, a destruir a la oligarquía, a proteger a los venezolanos y establecer el orden público y la paz ciudadana tan necesaria para el desarrollo de las naciones. Los Estados que han sido cubiertos por nuestras armas han asegurado sus anteriores leyes y gobierno, gozando plenamente de su libertad; porque nuestra misión sólo se dirige a romper el yugo de la tiranía imperialista que agobia a nuestros pueblos, sin pretender dar leyes ni ejercer actos de tiranía, a que el derecho de la guerra podría autorizarnos.
Conscientes de los daños, no hemos podido ver con indiferencia las aflicciones que los hacían experimentar los pelucones, que han aniquilado con la rapiña y han destruido con la guerra económica; que han violado los derechos de las gentes; que han infringido las normas humanas más elementales y nobles y en fin han cometido todos los crímenes, llevando a la soberana República Bolivariana de Venezuela a la más espantosa confrontación. Así, pues, la justicia exige la pronta acción y la necesidad nos obliga a tomar la delantera. Que desaparezcan para siempre del suelo venezolano los monstruos imperialistas que la infestan y han bañado de sangre; que su escarmiento sea igual a la enormidad de sus crímenes, para lavar de este modo la mancha sobre la patria y mostrar a las naciones que no se ofende impunemente a los hijos de la Venezuela libre y soberana.
A pesar de nuestros justos resentimientos contra los especuladores, nuestro corazón se digna, a abrirles por última vez una vía a la conciliación y la amistad; se les invita a los ciudadanos que adversan el proyecto revolucionario, a vivir entre nosotros pacíficamente, apartándose de los crímenes y convirtiéndose de buena fe, cooperan con nosotros a vencer en la guerra económica >y al restablecimiento de la normalidad social.
Todo opositor que no actúe contra la tiranía en favor de la justa causa de la patria, con los medios más activos y eficaces, será tenido por enemigo y castigado como traidor a la patria y en consecuencia será irremisiblemente pasado por las armas. Por el contrario, se concede un indulto general y absoluto a los que se pasen a nuestro bando, al de la patria; a los que presten sus auxilios a los ciudadanos que se están esforzando por sacudir el yugo del imperialismo. Conservarán sus derechos y bienes; en una palabra, quedan perdonados los ciudadanos que ahora regresen a sus casas y desistan de los intentos desestabilizadores y el intento flagrante de iniciar una guerra civil que facilite la intervención del imperio.
Y ustedes, delincuentes, que el error o la maldad los ha extraviado de la senda de la justicia, deben saber que sus hermanos les perdonan y lamentan sus descarríos, en la íntima persuasión de que no son culpables del todo y que sólo han sido seducidos por las mezquinas prebendas materiales que sólo el imperialismo puede ofrecer. No teman más: ríndanse, y vivan, o perecerán >ante las armas libres de la nación.Rebeldes, cuenten con la muerte, aunque no hagan nada, si no obran activamente en obsequio de la libertad de la patria. Ríndanse y cuenten con la vida, aun cuando sean culpables.
………………………………………………………………………….............……...
Salazar miró a Clarissa. “Tú y yo, ¿eh?”, le dijo. Ella le guiñó el ojo. “unos serán los que disparen y otros los que pregunten” dijo ella. Salazar no quería ser tan optimista. Mientras servían la comida y pedían dos cervezas más, se dispuso a comentar su visión de lo que vendrá: “combates impredecibles y de corta duración. Emboscadas por doquier. Redadas y más redadas. Los combates se harán más prolongados y ya se podrá identificar los movimientos del enemigo hasta llevar a él las peleas. Ya en ese punto, comenzarán a rendirse, pero habrá quienes no acepten la rendición. Y sí, mucho asesinato sumario. Pocos juicios, tribunales marciales, improvisados. No te creas, esto se va a poner feo”. Clarissa, ya devorando su almuerzo, comenzó a decir que eso era cierto, pero la labor de la fiscalía era avalar que los procedimientos se cumplieran. Y claro, está la investigación judicial. Eso, si las cosas seguían normal. Ahora, si por la carta se guían nada parecía claro, salvo el hecho de que una guerra venía y toda guerra implica muertos y al final solo importará sobrevivir.
Terminaron de comer y los estaban llamando. Quedaron de acuerdo en que se encontrarían en la noche. En la oficina, el comisario jefe llamó a Salazar. Le preguntó dónde había estado en la mañana y Salazar le dijo que había estado investigando.
—pero que yo sepa Petare queda hacia el este y no al sur de Caracas. Te mandé a seguir y luego perdiste el carro. Eso indica que eres un bicho. Yo sé que tienes tus secretos, pajarito; pero eso se va a acabar aquí y ahora. —Salazar no quería decirle nada, salvo mandarlo al carajo, pero algo así era tan inconveniente como decirle la verdad.
—Seré un bicho, pero yo agarro más choros que todos tus pupilos juntos. A mí no me andes amenazando. Dígame qué quiere saber —Esa era la jugada de Salazar, torearlo, pintarle una fachada de inteligencia y operaciones encubiertas. Pronto lo dejaría en paz.
—los de tu oficina no están. ¿Qué pasó pues? Están a orden tuya —Salazar pensó en llevarlo todo a ese terreno, sin embargo, decir mucho implicaría revelar datos que no podía:
—Verá. Si saca la cabeza por la ventana probablemente un francotirador del ejército o del SEBIN se la vuele. Estamos en una situación de guerra. Los mandé a casa porque no quiero que los maten o los desaparezcan. Hay un estado de excepción. No hay garantías. Mejor tenerlos a cuidado. Ellos estarán preparados para cuando puedan salir” terminó de decir.
Claro, el comisario no se iba a quedar tranquilo.
—ajá ¿y usted los prepara para una operación en el bar de la esquina? —allí ya Salazar se había indignado, siempre pensó que cualquiera con una pistola en la cintura se siente poderoso y con más derecho que los demás.
Fue a la oficina, saboreando las cervezas que se bebería más tarde. Llamó al coronel Ordóñez, quien se encargaba de coordinar el tema del tránsito en aquella parte de Caracas que ya se estaba llenando de manifestantes. De todos los problemas imaginables, quedarse atrapado en una manifestación que va a ser reprimida, es uno de los peores males, porque hay poco qué hacer: luchar y resistir y probablemente morir o no hacer nada y seguramente, morir también. Es decir, estaba en todo el medio del peligro y no podía hacer otra cosa que permanecer firme.
Así que se fue a donde estaban sus conocidos y comenzaron a beber café. Todos le preguntaron de inmediato si Clarissa y él se estaban enseriando o si la cosa se iba a prender de verdad en el centro de Caracas. “El que vuelva a mencionar el asunto lo pongo a hacer todo el papeleo… en el baño” todos estallaron de la risa y otro tipo preguntó que cuál de los dos asuntos y las risas aumentaron. Y luego de eso, llegó la cadena nacional y el presidente trabajador comienza a hablar sobre las medidas a tomar y entonces lee la hoja que llegó a Clarissa y Salazar, y a miles de venezolanos encargados de la seguridad de la nación.