El silencio en la habitación era inclemente, como si contuviera la respiración, mis manos estaban envueltas en un líquido viscoso, espeso y vital.
¿Sangre?.
Las palmas de mis manos se sentían calientes como si estuviera jugando demaciado cerca de las llamas del fuego, quizás era mi cargo de conciencia el que parecía querer incinerarme las lágrimas se deslizaban por mis mejillas estás amenazando con ser un diluvio y entonces mientras miraba el caos que mis manos habían creado una sonrisa desgarro la comisura de mis labios estirándose tanto que por un momento pensé que me diseccionaria el rostro en dos mitades distintas aún así no deje de sonreír con la sangre goteando de mis manos las lágrimas mojando mis labios entreabiertos y entonces los rayos del sol se colaron por las grietas que tenía la madera en las paredes podridas justo como mi alma y iluminaron aquel macabro escenario al mismo tiempo que tímidos acariciaban mi piel ofreciendome algo que no merecía: consuelo.
Levanté mi cabeza lentamente casi con una pereza insultante y mirando hacia el techo de madera y muescas con telerañas por el paso del tiempo dejé que mis oscuros ojos devorarán las lágrimas que no recordaba haber derramado dejé que mis manos cayeran como trapos a mis costados cual muñeco de cuerda y entonces con el silencio de espectador y con el bulto inconexo siendo un amasijo de carne destrozada este siendo mi público, solté una carcajada grotesca y hueca revervando en los más inospitos confines con este perverso espectáculo de testigo sin rastros de cordura sin esa voz que las personas llamaban conciencia reprendiendome me sentía más vivo que muerto o puede que fuera al revés.
Mientras seguí sonriendo porque era lo único que sabía hacer porque sin risa no existe función.
Que era ese ruido en mi cabeza, porque me encontraba aquí era sangre lo que había en mis manos, ese rastro de lágrimas significaba arrepentimiento.
No lo sabía solo tenía la infame certeza de que este era solo el comienzo de un camino que se tambaleaba cual cuerda floja de un trapecista.
Este es el momento en el que te adentras a mi mente y descubres que la locura es solo un placer que los locos conocemos.