ENGLISH VERSION (click here!)
Hello, foodies and lovers of good food.
Before saying goodbye to the Mérida Plateau, we had pastries for lunch at a cute spot we’d spotted on our way up to the Pine Forest. By this point, we didn’t have much money left, so we needed an affordable meal that we’d enjoy even though pastries aren’t always eaten at noon.
We fell in love with the Don Miguel Restaurant from the very first moment, from its parking lot in the garden with tall pine trees to the charming view of the mountains.
We entered the restaurant, a charming little house with a warm, comfortable, and welcoming atmosphere. To me, it felt like a home transformed into a place to enjoy delicious pastries, juices, wines, and a hot chocolate or coffee.
On a hot plate were the various pie options we could choose from, including chicken, mashed potatoes, and trout (fish).
The owner served us kindly. For lunch, we ordered potato and chicken pastries; they were medium sized and came in both round and square shapes, but the most important thing was the taste the crust was nice and crispy on the outside, and the filling was delicious. and the sauces we had with them were incredible one was spicy and the other was tartar sauce; the latter was my favorite. We also had a blackberry juice that I absolutely loved.
Ricardo ordered some more pastries to go. To be honest, I didn’t want to leave; I wanted to stay there forever. I felt such a lovely energy, and the Merideño pastries were absolutely delicious just as good as the ones made in my region. I’d love to go back soon.
Photos taken with a Samsung Galaxy A35.
Collage created in Inshot
Content owned by me.
Translation by: Deepl
Hola, comidistas y amantes del buen comer.
Antes de despedirmos del Parámo Mérideño, almorzamos pastelitos en un lindo lugar que habíamos visto al subir al Bosque de Pinos, ya para este momento no contábamos con mucho presupuesto, así que la opción era una comida económica y que nos gustará, aunque los pastelitos no siempre se comen al mediodía.
Las instalaciones del Restaurante de Don Miguel, nos enamoraron desde el primer momento, desde su estacionamiento en el jardín con largos pinos hasta la encantadora vista a las montañas.
Entramos al restaurante, una llamativa casita, con un ambiente cálido, cómodo y acogedor, a mi percepción fue un hogar convertido en un espacio para disfrutar de ricos pasteles, jugos, vinos y un chocolate o café caliente.
En un calentador se encontraban las distintas opciones de pasteles que podíamos elegir para comer entre los cuáles, destacaba de pollo, puré de papas y de trucha (pescado).
Su dueña nos atendió amablemente, para comer pedimos pasteles de papa y de pollo, su tamaño era mediano, no solo tenían forma redonda sino también cuadrada, pero lo más importante era su sabor, estaban bien crujiente su masa por fuera y su relleno estaba buenísimo, el gusto que tenían las salsas con la que le acompañamos ni hablar, una era de picante y la otra era salsa tártara, mi favorita fue la segunda. También tomamos un jugo de moras que me fascinó.
Ricardo pidió otros pasteles para llevar, si les soy sincera no me quería ir de ahí, me quería quedar a vivir, sentía una bonita energía y los pasteles Merideños estaban riquísimos nada que envidiarle a los que hacen en mi región, me gustaría volver pronto.
Fotografías tomadas con un Samsung Galaxy A35.
Collage realizado en Inshot
Contenido de mi propiedad.
Traducción por: Deepl
Noalys Salas 2.026