El Fenómeno El Niño en América del Sur: Actualización de Impactos Climáticos y Gestión de Riesgos
El comportamiento reciente del Océano Pacífico Sudeste ha vuelto a poner de manifiesto la estrecha y compleja relación que existe entre el océano y la atmósfera. La evolución del actual ciclo de El Niño muestra alteraciones térmicas y dinámicas de gran magnitud que están reconfigurando los patrones climáticos en América del Sur. Ante este escenario, el análisis de los indicadores oceanográficos recientes resulta indispensable no solo para comprender la física del fenómeno, sino también para fundamentar estrategias efectivas de gestión del riesgo de desastres que reduzcan la vulnerabilidad de las poblaciones y las actividades productivas de la región.
Para comprender la magnitud de los impactos actuales, es indispensable analizar los parámetros clave observados en el Pacífico Ecuatorial y Sudeste, de acuerdo al Boletín de Alerta Climático (BAC N.° 430), publicado en agosto de 2026 por el Comité Regional para el Estudio del Fenómeno El Niño (ERFEN) en el marco de la Comisión Permanente del Pacífico Sur (CPPS), que precisa:
• Anomalías de la Temperatura Superficial del Mar (TSM): Se registran desviaciones de +2 °C a +3 °C en el Pacífico central y anomalías extremas de hasta +5 °C en la región Niño 1+2 (frente a las costas sudamericanas, sobre todo la peruana).
• Dinamismo Subsuperficial (Ondas Kelvin): nos detalla que, entre los 70 m y 100 m de profundidad, el aporte térmico continuo de las Ondas Kelvin ha generado anomalías de +8 °C a +9 °C. Esto ha profundizado las anomalías térmicas registradas en la región, suprimiendo de forma temporal el afloramiento de aguas frías y nutrientes
• Acoplamiento Atmosférico: El Índice de Oscilación del Sur (IOS / SOI) retrocedió a −2.4, lo que confirma el debilitamiento persistente de los vientos alisios del este. En el ámbito local, el Índice Costero El Niño (ICEN) alcanzó +2.66, consolidando la categoría de evento cálido fuerte en el litoral sudamericano.
La interacción de estas masas de agua cálida con la atmósfera ha alterado significativamente la ubicación de la Zona de Convergencia Intertropical y la Zona de Convergencia del Pacífico Sur, generando un comportamiento pluviométrico marcadamente asimétrico en el continente.
Por un lado, la franja costera de Ecuador y del norte y centro del Perú experimenta un importante superávit de precipitaciones que supera los (>500 mm/mes) en diversas cuencas medias/bajas, incrementando drásticamente el riesgo de inundaciones, desbordes de ríos y activación de quebradas o huaycos. De manera similar, la franja centro-sur de Chile registra lluvias por encima de sus promedios históricos (categoría superior a la normal), sobre todo en la zona que abarca desde La Serena (aprox. 29.9 °S) hasta Osorno (aprox. 40.5 °S).
Por otro lado, la situación de la configuración atmosférica para Colombia es distinta, induce un severo déficit de lluvias en el territorio continental de ese país, generando una disminución crítica del recurso hídrico, desabastecimiento para el sector agropecuario, riesgo elevado de incendios forestales y un posible impacto en la generación hidroeléctrica. Similar situación presentaría el interior ecuatoriano, la cordillera andina central y la cuenca amazónica, donde la sequía meteorológica amenaza esas regiones.
En el ecosistema marino, los impactos son igualmente directos. El incremento de la temperatura del agua y el hundimiento de la termoclina obligan a especies de aguas frías y de alto valor comercial, como la anchoveta, a profundizarse o desplazarse hacia el sur en busca de condiciones favorables. Si bien esto impacta negativamente a la industria pesquera tradicional, también genera oportunidades temporales mediante la incursión de especies de aguas cálidas como el bonito, el jurel o el perico. De acuerdo con las proyecciones meteorológicas, se anticipa que la fase cálida mantenga su maduración hasta alcanzar su máxima intensidad hacia el último bimestre del año, para luego iniciar una atenuación gradual durante el primer trimestre del año siguiente, periodo en el que aún persistirán temperaturas por encima de lo normal.
Frente a la certeza de estos datos y a la temporalidad prevista, la gestión integral del riesgo de desastres debe articularse en torno a medidas concretas de prevención, mitigación y adaptación. En materia de infraestructura y ordenamiento territorial, resulta prioritario acelerar las labores de limpieza, descolmatación y defensa ribereña en las cuencas costeras vulnerables, además de reforzar puentes y vías de comunicación para evitar el aislamiento de comunidades. En el sector productivo, la agricultura debe adaptar sus calendarios de siembra y promover cultivos alternativos según el exceso o déficit de agua previsto, mientras que el sector pesquero requiere flexibilizar sus operaciones para aprovechar la presencia de nuevas especies marinas.
Finalmente, la protección de la salud pública y el fortalecimiento de los sistemas de respuesta sanitaria constituyen el último pilar de esta estrategia. El estancamiento de agua posterior a las lluvias intensas crea condiciones propicias para la proliferación de vectores de enfermedades como el dengue, el zika y el chikungunya, por lo que se deben intensificar las campañas de fumigación, el control vectorial y la vigilancia del agua potable. La integración de los datos científicos provenientes de los organismos de monitoreo regional con los planes de contingencia de los gobiernos locales es la herramienta fundamental para transformar la información oceanográfica en decisiones oportunas que salven vidas y resguarden la economía regional.