Los estados de ansiedad matan la creatividad, sin duda alguna. Debo estar preparado para no contaminar mis emociones al encendido de mi cel. De sentirme a placer, festivo y comunicador espiritual con Dios, en las mañanas que de aguador y labriego me ocupo en mi patio y jardín de casa, paso a huraño y refunfuñador del mundo, cuando de internauta entro en los teclados digitales. Trocar de leve, espiritual y empático a puramente biológico, pesado y empecatado impenitente, es una angustia que circunda mis sentidos y que afecta mi creatividad, tanto que, en esos estados, me cuesta darle asiento a mis palabras en cada página que abro y que intento grafitar. Razón la de Karl Jasper al afirmar que el hombre no es solamente por herencia biológico, sino por devenir tradicional. A mi me deviene lo carnal cuanto mayor contacto con el mundo tengo por estas redes.
El antídoto para ese virus lo tengo en el buen libro, en el formato que sea, pero libro al fin; es entonces que, hasta por asepsia, releo, ahora mismo: "La montaña del alma" del premio nobel Gao Xingjian. Desde sus páginas paseo por esos intricados parajes montañosos, (mi obsesión por la naturaleza, y por ese espíritu que aun me queda de aventurero, hoy frustrado), y me adentro a esas aldeas que manifiestan la milenaria espiritualidad de China; con la narración de un mochilero, algunas veces omnisciente y otras como testigo, me cuenta minuciosamente todo ese paseo montañoso y su experiencia con otros andantes de pasajeros como él, y con cada aldeano que en su recorrido encuentra. Buena lectura esta.
En espera, una que le oí decir al poeta Armando Rojas Guardia era de sus obras de cabecera: "Diario de un cura rural" de Georges Bernanos. Que venga de él, la hace impelable entre mis lecturas. Con esas letras, al final del día, quedo suave, afable y empático con el mundo; luego me horizontalizo y, a sueño batiente, que entre la mañana para que de aguador y labriego siga en estado de espiritual de comunicación con Dios.
Suena el celular, un mensaje...