No hay muchas personas que hayan crecido en familias en las que realmente se sintieran seguros al expresar sus sentimientos de enojo. Tal vez todas estas asociaciones negativas no sean tan sorprendentes considerando que la mayoría de nosotros no tenemos un modelo de ira saludable. La ira, como la mayoría de las cosas en la vida, puede tener aspectos positivos (energía, honestidad, tenacidad) y negativos (frustración, violencia, miedo). La ira, por definición, es "un fuerte sentimiento de aversión y beligerancia que provoca respuestas agresivas".
Sin embargo, una descripción clínica más amplia establece que la ira es un estado de activación o excitación elevada del sistema nervioso autónomo (por ejemplo, aumento del ritmo cardíaco, respiración acelerada, enrojecimiento de la cara, dolores en el pecho, palmas sudorosas, etc.) que se nutre de nuestro interpretación de los hechos.
Podemos aprovechar esa explosión de energía de manera constructiva y con un propósito o intención. Necesitamos un alto grado de autocontrol para esto. Controlar la respiración y no perder de vista nuestro objetivo nos ayudará. Si podemos encontrar un uso para una sensación tan salvaje, tendremos el poder de hacer muchas otras cosas.