Aún veo tus ojitos de miel sonreír
con destellos de luz y sorpresa infantil,
siento tu silueta que sigue detrás de mí,
campaneando con tu collar verde y azul añil.
Te fuiste ese día triste, sin remedio,
yo hubiese querido arrancarte de la muerte,
pero fue la voluntad de Dios tu partida
y este corazón nunca dejará de quererte.
Mi angelito negro, tierno y juguetón,
¡cuánta falta le haces a esta alma herida!,
¡ay de este destino que nos dio tal sacudón!
cuando tu tren se detuvo, tu trasbordo, nuestra despedida.
Fuente de la imagen: Galería de mi teléfono Samsung Galaxy.
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