Las sociedades modernas tienen su Carta Magna donde expresan sus leyes, a nivel moral y social existen reglas y normas. En fin las instituciones de todos los ámbitos tienen sus reglas para sus miembros. Ellas ayudan a organizar y facilitar la convivencia, a proteger derechos y hacer cumplir obligaciones.
A veces, como son hechas e interpretadas por personas imperfectas, se comenten grandes abusos justificados por las leyes. Y se aprueban leyes que injustas. Ante ello nos preguntamos: ¿tengo que cumplir las leyes? ¿cuáles puedo romper? ¿cuándo puedo tener objeción de conciencia?
A. De Mello escribió:
En el monasterio había una serie de reglas, pero el Maestro no dejaba de prevenir contra la tiranía de la ley. La obediencia observa las reglas, pero el amor sabe bien cuando romperlas.
Una hermana me preguntó qué hacer, como cristiana católica, si aprobara la despenalización del aborto, la pena de muerte, la eutanasia... las leyes actuales son reflejos del pensamiento de nuestros legisladores, y se argumentan de forma que muchas mentiras parecen verdades. Hay momentos de oscuridades, en donde los que temen al Señor probarán su fe siendo fieles al Dios de la vida.
A veces, sobretodo cuando la ley no prioriza la dignidad humana y su imagen de Dios, está el momento justo de romperla. A eso se le llama revolución.
Pero hay una requisito para romper las reglas... San Agustín, lo expresa así:
“Ama y haz lo que quieras.
Si callas, callarás con amor;
si gritas, gritarás con amor;
si corriges, corregirás con amor;
si perdonas, perdonarás con amor.
Si tienes el amor arraigado en ti, ninguna otra cosa sino amor serán tus frutos”.
Ánimo, mantengamos viva la fe y la esperanza. El mal es temporal, y la corona de la Vida será para quienes permanezcan fieles hasta el final. Si te caiste, rápido levántate y retoma el Camino.
DIOS ES AMOR; Y EL QUE PERMANECE EN EL AMOR PERMANECE EN DIOS Y DIOS EN EL. 1Jn 4,16
Hagamos juntos la revolución del amor.