De niño, solía buscar al invisible
mi corazon latía sincero.
Recuerdo cómo pasaba noches
y madrugadas en mi cuarto orando.
Dios era todo lo que pensaba,
era mi motor de vida, mi anhelo.
Cuando adoraba desde mis entrañas,
podía sentir, como la paz invadía mi cuerpo.
De niño, solía dar conferencias,
a un gran público enseñaba.
Era humilde, de buenos sentimientos,
un pequeño sabio que iva contra el viento.
No temía a nada, porque Él estaba en mí,
cada día sentía el placer de su presencia.
El poder invadía cada particula de mi ser,
desde mi cabeza hasta los pies, éra corriente.
Sólo tenía doce años, sentía a Dios conmigo
porque irradiaba amor y pasión por Él.
Me acompañaba a todos lados que iva,
me expresaba libremente y a todos convencía.
Hacía llorar y consolar al deprimido,
motivaba aquellos que casi morían;
Se levantaban y gritaban gracias a Dios,
no sabes cuanto deseo vivir esos días.