Hoy quiero hablar de algo que me costó entender: Dios no está apurado con vos.
Vivimos en un mundo donde todo es rápido. Queremos resultados ya, queremos respuestas ya, queremos que las cosas cambien ya. Pero Dios no opera así. Él tiene su propio tiempo, y ese tiempo casi nunca coincide con el nuestro.
Abraham esperó 25 años la promesa. José pasó años en el pozo y en la cárcel antes de ser gobernador. Moisés tardó 40 años en el desierto antes de guiar a Israel. Ninguno de ellos entendía el proceso mientras lo vivían.
«Porque yo sé los planes que tengo para ustedes —declara el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.»
Jeremías 21:11
A veces pensamos que Dios nos olvidó. Que nuestras oraciones se perdieron en el aire. Pero la realidad es que Él está trabajando en cosas que no podemos ver. Está preparando personas, circunstancias y oportunidades que van a confluir en el momento exacto.
No te desesperes. Lo que Dios empezó en tu vida, lo va a terminar. No porque vos seas especial, sino porque Él es fiel.
Hoy te invito a soltar la ansiedad. Dios tiene el control, y su timing es perfecto.
Pastor Encina — reflexiones desde el camino