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Una pequeña muestra.

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Saludos, querido lector. Pareciera, pero este no es mi primer post en Steemit, hice un terrible primer intento, con un relato donde supuestamente buscaba expresar cierta crudeza de la realidad venezolana mezclada con imágenes mentales. Tan disconforme estoy con ese texto que no he sido capaz de pedirle una crítica honesta a nadie al respecto. En fin. 

Desde hace algún tiempo, hacia acá, mi constancia al escribir había bajado bastante, mientras hay días en que puedo escribir hasta 3 poemas, últimamente apenas llego a dos semanales. ¿La razón? Probablemente la falta de motivación por mí mismo, lo decadente de las condiciones ha hecho que yo mismo me aleje de algo que tanto me llena y alivia: la escritura. Para mí la escritura ha sido un medio de catarsis y condensación de muchísimas cosas pero reservar esa categoría tan solo a la escritura sería deshonesto ya que el arte en general me ha salvado de situaciones; la literatura, el cine, el arte audio-visual, la música y pare usted de contar.

En general pienso que si bien el hombre está moldeado por las circunstancias, tampoco nos podemos limitar por las situaciones que se nos presenten. 

Todo esto para traerles una pequeña muestra de mis escritos. Mis poemas, una parte muy íntima y personal de mí, el tipo de cosa con la que titubeo y tiemblo si me toca hablar de ello ya que viene a mi mente una avalancha de ideas al respecto. Mis poemas recogen mis impresiones, experiencias, sensaciones, sentimientos y observaciones de mi vida propia, lo que busco siempre es la honestidad en ellos ya que, al ser tan propios y contener en ellos partes de mí, no puedo falsearme al respecto. También creo que al estar tan impregnados de mi realidad, obviamente hay un matiz relacionado a esta época tan dificultosa que vivimos en Venezuela.

Y sin más que tiempo que quitarles...

I   

Rostros entrañables 

y luz en la mañana,  

que me empieza a cantar.   

Mi espacio no ha cambiado aún. 

No espero 

permanecer enclaustrado  

en cuatro paredes macizas 

a una altura exacta del suelo 

con el mismo rojizo del cerro a mis espaldas,  

ni siquiera a su recuerdo.  

 

II 

Vivo 

a la par de un mar silencioso, 

salado. 

Ahoga mis pasos, 

con su clamor  

de lluvia nueva.    

Mi calma no se mueve ante sus ojos 

siempre pateo, veces llego 

a calles ciegas donde la brisa es tranquila .

El sonido de las hojas 

transporta el sosiego de la tarde.   

III 

Rostros 

se me vienen en la madrugada.   

Escucho el estallido  de un samán moviéndose  

en la plenitud del monte.   

Rostros 

envejecidos, 

en las memorias de tales noches

en su sincronía con el olvido, 

se mimetizan con el pasado.

  

(Agradecimientos a Oriana Ortega, enorme amiga, por permitirme usar sus fotos. Locación: El Morro, Mérida).

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