Cuando sueles ser de las personas a las que le gusta ver y visitar catedrales, no por su sentido religioso, sino por la grandeza de su arquitectura, es imposible no pensar también en los cielos azules.
De nuevo, no por el sentido religioso del cielo y de la tierra, sino porque al ser construcciones tan enormes, todas levantándose a decenas de metros del suelo, es muy difícil no pararte delante de ellas y echar la mirada hacia arriba.
Es este momento en el que disfrutas de las Torres o campanarios más alto fundiéndose con el cielo, a veces azul, a veces gris... aunque eso da igual, siempre impresiona darse cuenta de lo impresionante y la grandeza de estos monumentos.