Me encantan los lugares donde la hierba crece sin necesidad de que la rieguen, sitios donde ver el sol es lo raro, pero que cuando lo hace su luz enciende los tonos verdes allá dónde llegan sus rayos.
Aquí el ejemplo de esos tonos verdes casi imposibles, colores muy llamativos que cuando se juntan con lugares que ya de por sí tienen un encanto impresionante... poco más que decir. La catedral de Saint Andrews, unas ruinas que son sin duda uno de los lugares más bonitos que vi en Escocia.