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La gente mira, y mira, y mira… Pensando en qué cosa comprar, qué cosa solo curiosear, qué cosa ignorar. Entre miradas y miradas, shows en vivo, con algo de cansancio y con ganas de marcharse,
Amelia suspiró.
No podía quejarse de nada. Había vendido algo, y eso para ella era ya ganancia, aunque no fuera la cantidad esperada. Una venta, por pequeña que sea, era una venta conseguida.
Levantó la mirada hacia el cielo. Agradeció la venta pequeña, y rogó por una venta fuerte si no en ese bazar, al menos en el siguiente, a pesar de las dudas que de vez en cuando sentía mientras salía a cada Bazar que podía.
Sin embargo, todo parecía indicar que el cielo había decidido que sólo tendría esa pequeña venta...
Un chillido de emoción la sobresaltó. Una chica contemplaba emocionada las notas adhesivas de fresitas y cerezos; al comentarle el precio, la muchacha agarró cinco unidades de las ocho que tenía a su disposición. Cuando se fue su clienta, Amelia volvió a mirar el cielo, agradecida por esa nueva venta.
Horas después, ya empezaba a empacar con una sonrisa marcándose en el rostro. "Bueno... Algo es algo", musitó. "La próxima será mejor".