Relato: Dos amigas

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"¿Otra vez?", fue lo primero que Magdalena le preguntó a Catalina cuando se encontraron en la Plaza Grande, en donde habían quedado verse para tomar un café un 2 de enero.

Y es que Catalina se encontraba en un estado absoluto de caos andante. Los ojos llorosos, la nariz roja, y el pedazo de papel sanitario sobresaliendo en la punta de su bolsa. Una escena a la que Magdalena en cierto modo está acostumbrada, pues sabía que su amiga padecía de una de las condiciones más molestas del mundo: las alergias.

"Sabes que ya me acostumbré a esta locura", respondió Catalina mientras se soplaba la nariz. "Ya hasta tengo como dos pastillas de loratadina encima".

"¿Ya le comentaste a tu médico que tus alergias posiblemente sean más por estrés que por los ácaros? Porque no encuentro otro modo de explicar que tengas alergias seguidas", puntualizó Magdalena mientras caminaban hacia una cafetería cercana.

"No lo he comentado, aunque comparto tu sospecha de que es más emocional que biológico. Sabes la cantidad de estrés que tengo desde que descubrí que Braulio me fue infiel con su secretaria".

"Espero que estés considerando dejarlo".

"No lo estoy considerando. Lo estoy haciendo. Le pedí antier el divorcio delante de toda la familia, luego de exponerlo, por supuesto".

"¡¿En serio?! ¡Qué fuerte! ¿Y qué dijo el descarado?"

Cuando ambas mujeres se sentaron en una de las mesas de la cafetería, Catalina respondió:

"Qué no me dijo. Lo triste de todo es que sus padres y los míos se pusieron de su lado, diciendo que era perfectamente normal cometer errores".

"¡¿Qué?! ¡¿Cómo así?!"

"El infeliz es un doble cara, querida. Sabe manipular a la gente y tenerla de su lado. Tanto así que mis propios padres me amenazaron con desheredarme si lo abandonaba".

"¿Y qué harás?"

"Continuaré con el divorcio, por supuesto. Y si mis padres dejan de hablarme por eso, pues que así sea. Al fin y al cabo desde hace tiempo que busco cómo cortar todo contacto con ellos, y puede que esta sea la oportunidad que estaba esperando".

Magdalena la miró con comprensión mientras bebía un sorbo del café que había traído el mesero. Su amiga estaba buscando el modo de disminuir el contacto con sus familiares luego de que éstos la persuadieran de casarse con Braulio, hijo de un famoso arquitecto. Era evidente que su matrimonio era más por interés que por afecto, y que con base a ello había procurado que su futuro ex marido firmara un acuerdo prenupcial en donde se determinaba que debería pagarle a ella una reparación de daños en caso de infidelidad.

La oportunidad se presentó cuando descubrió la infidelidad de su marido en las semanas previas a la Navidad. Ahora estaba a un paso de ser libre y de poder marcharse de la ciudad sin que nada la atase. Era doloroso cortar toda relación con la familia, pero en el caso de Catalina era más que necesario; sus padres eran personas posesivas y caprichosas que buscaban controlar cada paso que ella diera en su vida, desde la elección de sus amistades hasta la carrera que debía estudiar.

Teniendo eso en mente, Magdalena le dio este consejo:

"Antes de que cortes todo contacto con medio mundo, procura tener suficiente dinero ahorrado".

"¡Oh, eso ya está más que hecho, mi querida amiga!", exclamó Catalina con una sonrisa mientras bebía su taza de té. "Es lo bueno de haber logrado en secreto la residencia permanente en el extranjero: puedes trasladar ahí tu dinero".


Fuente de la imagen: Pexels

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