Relato: Cosas extrañas

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El caos en la escuela dejó perpleja a Martha mientras intentaba averiguar dónde se encontraba la biblioteca del campus. Sin embargo, nadie quiso contestarle; todos estaban concentrados en caminar, trotar o correr en los pasillos y alrededores de la escuela.

¿Qué está pasando en este lugar?, se preguntó con preocupación mientras empezaba a subir y bajar las escaleras en el aquí y en el allá, saltando obstáculos y corriendo como una más. Al llegar al punto más alto del edificio de cuatro plantas, vio lo que parecía un stand de información atendido por un joven de cabellos rojos y mirada indiferente; le preguntó sobre cómo podría llegar a la biblioteca, a lo que el joven le respondió:

"¿La biblioteca? ¡Oh! Está en la planta baja, casi fuera del edificio".

Frustrada y sorprendida ante aquella respuesta, quiso bajar por la escalera de caracol pero esto no era posible. Los que corrían hace un momento estaban ahora de pie en la escalera, como si hicieran fila. Desesperada, recorrió los pasillos durante veinte minutos que le parecieron eternos, hasta que logró dar con una escalera alterna que la llevó hacia las afueras del campus, justo donde se encontraba un pequeño edificio gris con el letrero biblioteca encima.

Hora y media después, Martha se dirigió al Parque de San Juan, el cual era el último paradero del autobús que la llevaba a la escuela San Miguel. En medio del gentío se encontró con Javier, amigo suyo de la universidad, sentado en las rejas de uno de los edificios de gobierno.

Tras los saludos y preguntas de rigor, así como ponerse al día con sus vidas, Martha no pudo evitar preguntarle a su amigo la razón por la que no la contrataron en la escuela donde trabajaba; estaba segura de que la causa se encontraba en el examen psicométrico y su poca experiencia laboral en el campo docente, pero debía cerciorarse. Javier le confirmó que era lo último, aparte de que no cumplía con los requerimientos necesarios para acceder al puesto. Entonces Martha le preguntó si no había una vacante en algún área administrativa de su escuela.

Luego de hacer un par de llamadas, Javier y Martha empezaron a charlar sobre cómo la vida llevó a cada uno hacia donde se encontraba. Una hora después, Javier recibió la llamada de Marlene, su jefa directa.

"Tenemos un problema: No hay la vacante", le dijo la mujer franca y sincera.

"¿Estás segura?", le preguntó Javier.

"Cariño, estuve rascándole por ahí. No hay".

Mientras Javier discutía con Marlene, Martha escuchó una música familiar. Al volverse hacia el origen de la melodía, vio que el tráiler de un circo pasaba por la esquina; encima del vehículo habían unos motociclistas, quizás trabajadores del circo, saludando a la gente que se arremolinaba para verles.

Martha cerró los ojos y los abrió. En una fracción de segundo, ella estaba de vuelta en la hamaca, en medio de la oscuridad de una noche de otoño.

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Fuente de la imagen: Pexels

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