Eran las nueve y pico de la mañana cuando sonó el teléfono. Teníamos todo listo sobre la cama: las valijas medio cerradas a los ponchazos, los pasaportes en la mesa de entrada y esa mezcla clásica de ansiedad y apuro previa a las vacaciones.
Miré la pantalla del celular y ahí apareció la notificación de JetSMART Argentina: el vuelo JA 734 que debía salir desde Aeroparque rumbo a Santiago figuraba como cancelado.
Nos quedamos helados mirando el cartel rojo en la aplicación. Éramos dos pasajeros bajo el código de reserva TDG4JN, con el itinerario patas arriba y los planes de la semana desmoronándose en un segundo. Lo más insólito era mirar más abajo en la app y ver que el vuelo de vuelta, el JA1094 programado para el 3 de noviembre de 2026, seguía en pie, burlándose de nosotros desde el mismo menú donde el check-in de ida ni siquiera figuraba habilitado todavía.
—¿Y ahora qué hacemos con esto? —le pregunté a mi pareja, mientras el café se enfriaba sobre la mesa y los planes se nos caían a pedazos.
Tuvimos que frenar todo, sentarnos de nuevo y pulsar el botón rojo de «Solicitud de cambio o devolución» para arrancar el largo peregrinaje de reclamar y ver cómo podíamos salvar las ansiadas vacaciones.
Foto(s) tomada(s) con mi smartphone Samsung Galaxy S22 Ultra.