Foto tomada con una cámara Olympus E-520.
Y me iré lentamente de tu lado
a pasos ligeros y llanto mudo,
sin mirar atrás, sin molestarte más.
Y me levantaré de esta cama que
compartimos sin amor como dos
extraños: separados el uno del otro,
durmiendo juntos sin estar allí.
Mientras tanto, intentaré no dejar caer
mi corazón por el suelo, lo despegaré
con fuerza de tu espalda injuriosa.
Y me iré, ocultando mi cara de la
tuya, sosteniendo mi orgullo en
una mano y en la otra mis ilusiones.
¿Y mi cerebro? Huyó despavorido,
se fue, incluso, antes que yo.
Debería irme con él.
Y rescataré del bote de basura
mi afecto y mi dedicación, los sueños
y esperanzas junto a ti.
Me los llevaré lejos
para guardarlos en la maleta de
las desilusiones y los golpes bajos.
Y cuando dudes del daño que ocasionaste,
solo mira el reflejo resquebrajado en el
espejo de mi alma.
Mírate a ti mismo cuando me veas.
Imagina una laguna negra y
un patito de juguete flotando
en ella apático, ridículo, tieso.
Y si aún tienes dudas, rompe
en pedazos las hojas donde
una vez te dediqué hermosos
versos.
Observa cómo emerge la tinta
del papel y se desangran
mis venas.
Y me iré flotando con el
aire.
Me iré rápido para no verte
más la cara de piedra y
los ojos de vidrio.
Para no ver más tu corazón
de hielo y tu indiferencia
mordaz.
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